MUSICA A Sabina le importa “un carajo” su trascendencia tras sus cenizas

Al cantautor y poeta español Joaquín Sabina le importa “un carajo” su trascendencia. “Me importa un carajo mi trascendencia -asegura el artista-, lo único que me importa es que cuando me muera deje al menos 16 canciones que no me den vergüenza y hayan cruzado el mar, pero lo que pase después de mis cenizas te aseguro que no me importa lo más mínimo”.

 

Empeñado en definirse como “un cateto de Ubeda -pueblo del sur de España”, a sus 66 años, tras publicar una veintena de grabaciones de estudio, de las que ha vendido más de diez millones, y escribir nueve libros, cree “un milagro haber cruzado el Atlántico y cantar más veces en México y Buenos Aires que en España”.

 

Amante correspondido de Latinoamérica, considera que el expresidente de Uruguay (2010-2015) José Mújica es el político y líder social más importante que hasta ahora ha dado el siglo XXI.

 

“Hace un mes estuve unas horas con el Pepe del Uruguay, ‘Pepe’ Mújica, y me fascinó como fascina a todo el mundo, porque hace falta mucha gente como él que crea en lo que dice y viva como dice”, explica.

 

Al contrario, manifiesta sus reservas hacia la figura del expresidente venezolano Hugo Chávez, “a pesar de lo bueno que haya podido hacer”. “Y si no me gustaba Chávez -agrega-, ni te cuento lo que opino de Nicolás Maduro”, su sucesor.

 

Hijo de la llamada canción protesta durante la transición a la Democracia en España y del posterior movimiento pop conocido como la “Movida Madrileña”, Sabina considera, sin embargo, que su exilio en Londres durante los años 70 ha sido lo que más ha marcado su trayectoria artística.

 

“Nunca había salido de España -recuerda-, ni me había subido a un avión, y para mi Londres era el planeta Marte, donde me vi cantando en restaurantes y donde vi a Bob Dylan en el Albert Hall y asistí al (mítico) concierto de los Rolling Stones después de la muerte de su guitarrista Brian Jones”.

 

“Cuando volví a España -continúa-, muerto el general Franco, que tardó demasiado en morirse, yo ya me daba cuenta de que esos cantautores de barba nazarena que convertían la canción en una especie de sermón no iban a marcar mi camino; así que tuve la suerte de huir del panfleto que hubiera hecho si me hubiera quedado en España”.

 

“Y como venía con Dylan y los Rolling en la cabeza, que me la habían vuelto al revés, me dediqué a uno de los trabajos que más seriamente me he planteado en mi vida: hacer eso que yo amaba en un español que no fuera un argot de chicle de mascar y tirar sino que tuviera una cierta calidad poética sin olvidar el lenguaje de la calle”, explica Sabina.