El paso de un papa diferente por América Latina

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HORACIO TEJERA*

 

Cuando hace apenas un mes el Papa Francisco presentó su encíclica Laudato si, todo, desde su propio título, fue una muestra de los cambios que se están produciendo en la relación de la iglesia con el mundo. Laudato sí (alabado seas) no son palabras del latín, que ha sido la lengua que tradicionalmente utilizan en sus comunicaciones oficiales las autoridades eclesiásticas sino del humilde dialecto umbrío, que empleaba San Francisco de Asís cuando predicaba entre los pobres.

En ese texto de 187 páginas, Francisco planteaba ya una advertencia sobre la fragilidad del medio ambiente y llamaba la atención sobre la relación directa que existe entre la destrucción del medio ambiente, la pobreza y la explotación económica y advertía que no será posible actuar sobre uno de esos males si no se actúa también sobre los restantes.

Pero si hacía falta una confirmación aún mayor de la profundidad del compromiso del ex cardenal argentino con los más vulnerables y los menos favorecidos, la ha dado con creces en su reciente visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, donde verdaderas multitudes lo escucharon decir cosas que se oyen en boca de un Papa quizás por primera vez en la historia de esta dos veces milenaria institución y están posiblemente más cerca del mensaje de Cristo de lo que han estado los mensajes papales en muchísimos siglos.

 

A continuación alguna de las frases que la prensa de todo el mundo ha recogido no sin sorpresa:

 

“Un pobre que muere de frío y de hambre hoy no es noticia, pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan dos o tres puntos se arma el gran escándalo mundial”.

“Digámoslo sin miedo: queremos un cambio real, un cambio de estructuras, una economía al servicio de los pueblos, porque ya no se aguanta el sistema imperante, no lo aguantan los campesinos, ni los trabajadores, ni las comunidades, ni la madre tierra”.

“Un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los más débiles y desafortunados, no es verdadero desarrollo. La medida del modelo económico ha de ser la dignidad integral del ser humano, especialmente el más vulnerable e indefenso”.

-”La explotación de los recursos naturales no debe buscar el beneficio inmediato. Ser administradores de esta riqueza, que hemos recibido, nos compromete con la sociedad en su conjunto y con las futuras generaciones, a las que no podremos legar este patrimonio sin un adecuado cuidado del medio ambiente”.

“Se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América, en nombre de Dios y pido humildemente perdón , no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista”.

 

Esta breve síntesis, por supuesto, no pretende dar cuenta de todo lo que dejó este pasaje del Papa Francisco por América Latina, pero quizás sí haya servido para mostrar la magnitud del cambio que la iglesia Católica ha experimentado con su llegada al sillón de San Pedro.

“ Periodista uruguayo radicado en Toronto.