El Papa y el Patriarca en La Habana

Aspecto del acto de firma del convenio entre el Papa Fancisco y el Patriarca Kyrril

AMAURY DEL VALLE*

El Papa Francisco a su llegada a Cuba, acompañado por el presidente de Cuba Raúl Castro. Foto: Fernando Valdés Alvarez.
El Papa Francisco a su llegada a Cuba, acompañado por el presidente de Cuba Raúl Castro. Foto: Fernando Valdés Alvarez

Al reconocerse ambos como hermanos, con el mismo bautizo e hijos del mismo Dios, su Santidad el Papa Francisco, y Su Santidad Kirill, Patriarca de Moscú y de toda Rusia, pusieron fin en La Habana  a una división entre ambas iglesias que data de hace casi mil años.

Por primera vez un papa católico y un patriarca ortodoxo se sentaron a conversar, en un proceso que ha tardado en concretarse más de veinte años, y lo hicieron el pasado viernes En una discreta sala del aeropuerto internacional de La Habana.

La conversación, de poco menos de dos horas, fue

de carácter privado, aunque ambos aseguraron que transcurrió en un espíritu abierto.

“Tuvimos la oportunidad de entender y sentar las posiciones de uno u otro”, afirmó Kirll durante las breves declaraciones posteriores, a las cuales respondió Francisco afirmando que “hablamos de nuestras iglesias, coincidimos en que la unidad se hace caminando. Hablamos claramente sin media palabras y les confieso que he sentido la consolación el espíritu en este diálogo”.

Se concretaba así, en forma de declaración conjunta que suma unos 30 puntos, el primer paso del restablecimiento de una división religiosa que duraba 962 años, pues se remonta oficialmente al año 1054, cuando se produjo el llamado “Cisma de Oriente y Occidente”.

Según la historia, tras varios años de conflictos entre los papas católicos residentes en Roma y los patriarcas católicos de Constantinopla, en 1054, el Papa León IX quien, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio, mandó una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi.

Aunque la misión aparentemente era buscar una alianza, los enviados papales negaron el título de ecuménico al Patriarca Miguel I Cerulario, y además pusieron en duda la legitimidad de su elevación a este puesto, a lo cual este respondió negándose a recibirlos.

En un conflicto que escaló rápidamente el cardenal Humberto de Silva Candida abandonó la ciudad tras excomulgar a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de la Iglesia de Santa Sofía; y este respondió pocos días después excomulgando al cardenal y a su séquito, produciéndose así de hecho el cisma entre ambas iglesias.

Desde entonces, las diferencias teológicas y litúrgicas entre la Iglesia Católica de Occidente y la Iglesia Católica Ortodoxa se fueron acentuando aún más con el paso del tiempo, e incluso sostuvieron fuertes controversias en diferentes momentos de la historia.

 

Despedida del papa (2)
Parte de los clérigos de la Iglesia Católica cubana y el presidente de Cuba, despidiendo al Papa Francisco, al salir rumbo a México.  Foto: Fernando Valdés Alvarez

 

LARGO CAMINO HASTA LA HABANA

Pocos minutos después de las dos de la tarde, hora de Cuba, en un día inusualmente invernal para el clima caribeño que casi siempre impera en la isla, el Presidente cubano Raúl Castro recibió al pie de la escalerilla del avión al Papa Francisco, que visita así en menos de un año dos veces el país.

Ya en Cuba le esperaba el Patriarca Kirill, quien realiza una visita de varios días, que concluirá este domingo con una misa en la Catedral Ortodoxa Rusa, ubicada en pleno corazón de La Habana Vieja.

El Papa Francisco, por su parte, va camino a México, donde tiene previsto una visita pastoral de casi seis días, durante la cual estará en cuatro estados (Estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua) y en seis ciudades diferentes.

A nadie escapa que el Papa Francisco, que ya visitó Cuba entre el 20 y el 22 de septiembre de 2015, haya escogido precisamente a La Habana como destino del encuentro con el Patriarca Kirill, una iniciativa cuya posibilidad se manejó ya en tiempos de Juan Pablo II, pero por diversas razones solo ahora puede concretarse.

La conversación entre el Papa Francisco y el Patriarca Kirill no es el primer intento de acercamiento entre ambas iglesias en toda su historia. Ambas ya se habían reunido en 1274, en el Segundo Concilio de Lyon, y en 1439, en el Concilio de Basilea, pero en ambas ocasiones nunca llegaron a entenderse y continuaron repudiándose mutuamente.

Actualmente las dos se consideran la verdadera Iglesia Católica Apostólica, y si bien el cristianismo católico occidental es el predominante en el mundo, el ortodoxo es la religión fundamental en casi todos los países eslavos, aunque también hay importantes comunidades en varias naciones asiáticas, incluida Israel, Palestina y Siria, así como en varios países europeos, africanos, de América Latina e incluso Estados Unidos, en buena medida debido a las migraciones rusas y eslavas hacia ellos.

Con una creciente influencia del islamismo a nivel mundial, pero en especial en países asiáticos, europeos y africanos, el acercamiento entre ambas iglesias es una cuestión estratégica en aras de limar diferencias.

De cualquier forma, la cita ya estaba de cierta forma prefijada, cuando Francisco en noviembre de 2014, al regreso de un viaje a Estambul, reveló que había hablado por teléfono con Kirill y que le había dicho: “Iré adonde quieras. Llámame y yo voy”.

Ahora, coincidió la visita ya pactada del Patriarca Kirill a Cuba con el recorrido planificado del Papa Francisco por México, siendo Cuba un punto intermedio al cual era fácil llegar en el itinerario de vuelo.

También existen otras razones, no ya prácticas, sino estratégicas, pues Cuba ha tejido un fuerte restablecimiento de sus relaciones con la Iglesia Católica tras varios años de distanciamiento, que se ha consolidado con la visita de tres papas a la nación caribeña: Juan Pablo II en 1998, Benedicto XVI en 2012 y Francisco en 2015.

A la vez, Rusia y Cuba han sido aliadas históricas y económicas desde casi el mismo triunfo de la Revolución cubana, y aún hoy mantienen estrechas relaciones fortalecidas nuevamente durante el mandato de Vladimir Putin, mientras también son fuertes con el propio Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa, que incluso tiene un templo en Cuba.

Aunque al final solo trascendió la declaración oficial y lo poco que dijeron en sus palabras posteriores el Papa Francisco y el Patriarca Kirill, pues la mayor parte del encuentro transcurrió a puertas cerradas, la declaración final derivada de la misma es algo más que un mero documento.

Su simbolismo va más allá de la cuestión religiosa, tanto para las dos iglesias como para el propio gobierno de Cuba, que vuelve a aparecer en la palestra pública como mediador de conflictos, algo que parece encajarle muy bien, porque ya lo hace con éxito en las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC.

Quizás por ello Francisco aseguró al agradecer a Cuba y al presidente Raúl Castro que si sigue así, Cuba será la capital de la unidad en el mundo.

Y es que la isla ha tenido una agitada política exterior y una fuerte influencia en toda América Latina desde el triunfo de la Revolución en 1959, pero especialmente en los dos últimos años ha fortalecido su presencia en la arena internacional, desde que el 17 de diciembre de 2014 anunciara el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos por más de cincuenta años.

En este proceso influyó mucho el Papa Francisco en su papel de mediador con el mandatario norteamericano Barack Obama, como reconoció el propio presidente cubano Raúl Castro, que sustituyó en el 2008 a su hermano Fidel Castro, alejado oficialmente del gobierno por enfermedad, pero no por ello retirado, pues sigue siendo un consultor obligado para muchas decisiones importantes.

Ahora, el que Francisco y Kirill se sienten a conversar en Cuba, para muchos analistas es un favor de vuelta que le hace Raúl al Papa.

Aunque así fuera, lo cierto es que, necesitados los dos de un nuevo comienzo en las relaciones entre ambas iglesias que no esté viciado por los prejuicios de Oriente u Occidente, y que además sea un escenario seguro y apacible para hablar en medio de amenazas terroristas por todo el mundo, ¿qué mejor lugar pudo encontrarse que La Habana?