Poder elegir el final

Monica Percivale
Monica Percivale

MONICA PERCIVALE*

COLUMNISTA INVITADA

 

El Gobierno Federal de Canadá tiene plazo hasta el 6 de Junio de este año para redactar y aprobar una nueva ley de muerte asistida; de lo contrario la decisión Carter de febrero de 2015 tomada por  la Suprema Corte de Justicia prevalecerá.

Dicha decisión establece que aquellos adultos que padezcan una condición de salud grave e irremediable tienen derecho a la asistencia de un medico para terminar su vida.

 

La muerte es quizás el tema menos discutido; respetado por muchos, temido por no menos, es sin dudas el único de todos los pilares de la vida que es común y seguro para todo ser vivo sin diferencia de raza, credo, lugar de residencia o estatura social.

Discutir oficial y públicamente el tema de la muerte esta siendo arduo y controvertido; diferentes Miembros del Parlamento han dado a conocer su posición y el espectro es tan variado como las mismas aristas del tema. La muerte asistida es un dilema moral y ético y como tal espinoso.

 

Personalmente considero que cada paciente tiene el derecho a la decisión final sobre su propia vida no  juez, ni un medico, ni siquiera su familia, porque aunque suene despiadado, ni aun aquellos que nos aman pueden vivir nuestra vida ni sufrir nuestro dolor, por ende no les asiste el derecho a decidir.

 

La penalización de la muerte asistida solo es un impedimento para aquellos que carecen de los medios económicos para viajar a Suiza y luego de pagar entre veinte y treinta mil dólares poder ejercer el derecho que en Canadá se les niega.

 

La muerte asistida no es contraria al cuidado paliativo, por el contrario en aquellas sociedades en donde se ha legislado, los médicos tienen más libertad para discutir opciones de cuidados finales y alternativas orientadas a la disminución del dolor.

 

Mucho mas importante aun, la legislación del derecho a decidir el final de la vida para aquellas personas gravemente enfermas cuya situación es irremediable, protege a los grupos vulnerables, tales como niños, ancianos, personas con problemas de salud mental y discapacitados.

 

Lo más trascendente a tener en cuenta  es que penalizar el derecho a la muerte asistida significa condenar al sufrimiento innecesario a los enfermos terminales. Es una clara falta de compasión, medida inhumana y definitivamente injusta. Si pensamos y peleamos por una sociedad justa que respete y cuide los derechos de los seres humanos que la forman, el derecho a la muerte digna, pacifica y respetada es sin ningún lugar a dudas igual de importante que el derecho a la vida digna, en paz y con respeto, por lo menos para mi.