Stephen Harper: Sin pena ni Gloria

Monica Percivale
Monica Percivale

MONICA PERCIVALE*

COLUMNISTA INVITADA 

Después de perder la elección en Octubre 2015, poco y nada se ha visto del ex Primer Ministro Stephen Harper.

De hecho no sólo no ha pronunciado palabra en la Cámara salvo para votar, al extremo que su ingreso y salida del edificio del Parlamento, lo hace por las puertas traseras, evitando así las preguntas y hasta la mirada de la prensa. Comportamiento que se condice con un hombre que hizo de la restricción de información una marca personal de su mandato.

 

Fuentes allegadas el representante de Calgary Heritage, declararon a diferentes medios que el alejamiento definitivo de la escena política nacional se producirá probablemente durante el verano, sin dar una fecha especifica, pero si la certeza de que Harper no estará cuando el Parlamento resuma sus actividades en septiembre.

Se ha comentado que seguirá sus pasos en la arena internacional, promoviendo causas a favor de Israel, y hasta de aspectos de salud materno-infantil. Ambos temas han sido claramente pilares de su filosofía, la defensa infranqueable de la causa israelí, así como su posición en cuanto al aborto quedaron más que claros y establecidos durante sus tres mandatos.

 

Varios expertos analistas políticos han manifestado que es muy pronto para poder evaluar el legado de Harper. En mi opinión lo que en realidad llevará tiempo es evaluar la dimensión del daño que sus políticas tuvieron.

Los gritos de los pocos representantes conservadores que quedaron en el Parlamento en cuanto al estado de las cuentas al final de su gobierno, es la peor de las mentiras, porque es una verdad a medias; si hubo un presupuesto balanceado, en teoría, porque se logró gracias a los cientos  de programas que los conservadores cancelaron durante su mandato, escondiendo dichas cancelaciones en la técnica totalitaria de votación de leyes masivas de cientos y cientos de paginas, (Ómnibus Bills), impidiendo no solo el análisis sino simplemente saber que había en ellas, haciendo uso de la fuerza de su mayoría parlamentaria, y de el secretismo que caracterizó sus mandatos.

 

No sorprende su partida, luego de la desastrosa derrota sufrida a manos de los liberales, prueba fehaciente de su incapacidad de leer el pulso político de la población, o tal vez de su soberbia; esta salida de Harper tiene que ver en igual medida con su decisión personal de alejarse de la arena política nacional, tanto como tiene que ver con la reconstrucción de la imagen del partido conservador.

Menudo favor le haría al partido  que la población siguiera asociando a Harper con dicha fuerza. Menos aún sorprende el momento en que se produce, los senadores que el mismo nominó, – quebrando su propia promesa electoral de no hacerlo,  y que se vieron envueltos en una investigación policial en cuanto a los gastos, y abusos de confianza, han sido exonerados de dichos cargos, dejando a Harper tranquilo de no necesitar el amparo de su inmunidad parlamentaria. Felizmente, su ultima manipulación.

 

*Periodista uruguaya radicada en Toronto.