CAMBIA… TODO CAMBIA

Cambia lo superficial

Cambia también lo profundo

Cambia el modo de pensar

Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años

Cambia el pastor su rebaño

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño

La inolvidable canción de Julio Numhauser que difícilmente los lectores y lectoras de Correo no hayan escuchado alguna vez, fue lo primero que nos vino a la mente al momento de comenzar esta edición en la que, habíamos decidido, todo o casi todo debería cambiar.

La letra de Todo cambia, nos parece, condensa en su poesía sencilla y despojada la infinidad de cosas que se pueden decir para fundamentar un cambio pero que, en este caso, prácticamente no hacen falta.

Cambia el sol en su carrera

Cuando la noche subsiste

Cambia la planta y se viste

De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera

Cambia el cabello el anciano

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño.

Las cosas cambian porque así es y debe ser la vida y que cambien no es extraño para nadie o no debería serlo.

Y si el contexto social a través del cual circula una publicación como la nuestra ha cambiado, y si cambian los artefactos simbólicos y tecnológicos mediante los que nos comunicamos y nos informamos, los cambios en Correo más que inevitables, se hacían acuciantes.

Y por supuesto, deseables.

Y lo que cambió ayer

Tendrá que cambiar mañana

Así como cambio yo

En esta tierra lejana.

Por esa razón, como decíamos antes, no hace falta explicar el por qué de los cambios que, esperamos, posibilitarán que exista entre ustedes y nosotros, en el futuro, una comunicación más a tono con los nuevos tiempos y más acorde a lo que necesitamos, como personas y como comunidad.

Pero eso no quiere decir que no debamos dar cuenta de qué es lo que cabe esperar que ustedes encuentren en nuestras páginas a partir de ahora. Incursionaremos en esos temas en próximos editoriales y en algunas notas de éste mismo número, pero vale adelantar ya mismo que, si bien Correo ha estado siempre enfocado en nuestra comunidad, a partir de ahora nos comprometemos a ajustar y modular ese enfoque para que tanto nuestra condición de inmigrantes como las culturas (variadas y múltiples) que están en el origen de nuestras identidades, sean ejes siempre presentes de lo que hacemos.

Hay algo en mayo que ayuda a sacudir lo mustio . Colores que parecían perdidos, el redespertar de flores y ánimos, la constatación de que lo cíclico no nos abandona.

Y que todo , todo cambia.