Diversidad, comunicación e interculturalidad

En una sociedad que se define como multicultural y si deseamos que la multiculturalidad sea efectivamente un elemento que contribuya al respeto y al disfrute de la diversidad, el desarrollo comunitario y la justicia social, se hace necesario el uso más frecuente, conciente y decidido de un concepto al que con frecuencia no se le presta debida atención: interculturalidad.

Por: NORA SCARON*

La idea misma de multiculturalismo y la imagen que se utiliza a menudo para visibilizarla, el mosaico, dan cuenta, al mismo tiempo, de su enorme potencial y de sus carencias y limitaciones.

La coexistencia de lo múltiple en una sociedad como la nuestra supone, en una primera instancia, la yuxtaposición. Pero no puede agotarse en la mera adyacencia de identidades diferentes ni resignarse a que esa coexistencia no incluya, como condición indispensable de sostenibilidad, la interacción, la influencia mutua, la mezcla y la hibridación.

La multiculturalidad, la idea de un mosaico en que diferentes placas se relacionan entre sí sólo a través del espacio que paradójicamente las une y las mantiene separadas, si bien implica el reconocimiento de las diferencias, no debería ser una coartada para la generación de compartimentos estancos en los que los contactos entre culturas se limitan a la celebración casi marginal de lo folklórico y a la sacralización de la «tolerancia», entendida en el peor de sus sentidos: “te tolero porque me sería demasiado costoso deshacerme de ti”

El concepto de interculturalidad, por el contrario, no mantiene relación alguna con la tolerancia. Supone entender la interacción entre culturas de un modo amigable, transversal y fluído. Esto supone el desmontaje de las relaciones de jerarquía y supremacía, el reconocimiento de la legitimidad de las aspiraciones y la igualdad de derechos de los diferentes subconjuntos sociales, la búqueda continua de la equidad, y la inclusión efectiva y franca.

Interculturalidad, por lo tanto, implica diálogo real y comunicación cierta. Y para que la comunicación y el diálogo no se agoten en un monólogo con nosotros mismos y en un aburrido relato que repetimos una y otra vez como un adormecedor cuento infantil, hace falta incorporar en la comunicación al otro.

Darle cabida en el diálogo a quienes vibran en otra sintonía, a quienes ven el mundo desde otra perspectiva, a quienes nos pueden aportar experiencias, asporaciones y deseos diferentes… y en ese sentido quienes hemos llegado aquí desde el sur, tenemos mucho que aportar.

Nuestros orígenes están en la región del mundo en la que se ha dado el proceso de mestizaje cultural y genético más profundo y maravilloso de la historia. Sabemos cuánto costó y cuesta, sabemos que estuvo jalonado de miseria y dolor, pero conocemos su valor. 

Por eso, nos parece una muy feliz coincidencia que al celebrarse un nuevo Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo Correo nos haya invitado a iniciar un recorrido acerca de la diversidad, la comunicación y la interculturalidad desde sus páginas.  Promete ser una intersante aventura e intentaremos estar a la altura del desafío.

*Nora Scaron es presidenta de Latin@s en Toronto y colabora en la nueva propuesta comunicacional de Correo.