Tu, vos, usted, lector/a   

Lo que sucedió en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires cuando las autoridades de la enseñanza quisieron abolir el “vos” e imponer el “tu” en las aulas, es bien conocido. Han pasado muchas décadas desde entonces, pero vale la pena recordarlo. Las maestras, respetuosas de lo que se les había ordenado, le exigían el “tu” a los alumnos en clase, pero tanto ellas como los chicos continuaban usando invariablemente el “vos” en el recreo, y en la calle, y en sus casas.

Fue imposible imponer un modo de hablar que no tenía ninguna relación con la vida y la comodidad de los hablantes. Una lengua es muchísimo más que un conjunto de reglas y convenciones. Es una construcción cultural que no se deja atar a rituales o academicismos. Por el contrario, se transforma incesantemente en función de las necesidades de quienes la usan, la recrean y la enriquecen día a día.

Para un medio de comunicación como Correo, que se nutre y circula en una comunidad de hablantes tan diversa como la nuestra, eso podría ser un problema… pero trataremos de que se transforme si no en una virtud, al menos en una costumbre.

Como aquello tan castizo de “hacer de tripas corazón”.

No en balde venimos de una región del mundo en la que casi 450.000.000 de personas hablan una misma lengua, que coexiste con varios cientos de lenguas indígenas y “criollas” y convive con los aportes de inmigrantes de todo el globo. Tanto esa coexistencia de lenguas, como factores geográficos, históricos y demográficos, hacen que el castellano de unos no sea idéntico al español de los otros.

Para colmo, hay aquí entre nosotros hablantes bilingües que se manejan indistintamente con el español y con el inglés y/o el francés, para quienes es perfectamente natural sustituir palabras de un idioma por palabras del otro o utilizar formas gramaticales híbridas que no serían del todo “correctas” en ninguno de los dos.

Por eso, porque a pesar de todo nos entendemos y nos gustan las tonalidades y los acentos diferentes, queremos un Correo en el que, si tenemos que dirigirnos a vos, podamos decirte tu o usted, según sea lo habitual para la persona que te habla. Un Correo en el que aún reconociendo que decir “tenlo” suena muy bien, alguien pueda escribir “tenelo” o incluso “tenémelo” sin que nos muramos de espanto. Un Correo que nos ayude a valorar nuestras propias diferencias y disfrutar del hecho de que no somos todos lo mismo ni tenemos por qué parecerlo. 

Por supuesto, lo anterior no es una introducción al caos, ni significa que estemos dispuestos a fastidiar a los lectores colocando los signos de puntuación en cualquier parte o prescindiendo de los tildes o las eñes con la torpe (y socorrida) excusa de que tenemos un teclado en inglés…

Eso nos puede pasar y seguramente nos pase, pero trataremos de evitarlo, ya que comunicar implica, entre sus presupuestos, el uso de códigos que los demás comprendan y compartan. Un medio de prensa como el nuestro, por mayores que sean sus limitaciones, es también una herramienta de formación no convencional y nos tomamos en serio la tarea.

Pero sin dejar de lado la importancia de lo formal y lo correcto, queremos abrir las puertas a lo plural, lo híbrido y lo desacostumbrado para que ingresen y cohabiten con nosotros.