Sin pasado hacia donde huir – 500 años de leyenda

Ocurrió hace 500 años y aunque todos más o menos lo conocemos, es bueno recordarlo y para ello hemos elegido a un personaje que pudo perfectamente no haber estado allí.

Miréemosla. Tiene quizás 19 años y podría haber tenido por nombre Malintzin. Es una esclava que acaba de cambiar de dueños una vez más. Pero esta vez es diferente. Ha sido entregada a una pandilla de hombres aparecidos de la nada de quienes todos hablan desde que llegaron a la costa. Decididamente poderosos y sucios, cubiertos de ropas cuyo olor acre lastima el aire que debe respirar cuando el que ahora la tiene se le sube encima.
Por unos días, seguramente piensa mientras soporta aquello, vivirá y marchará entre ese grupo de extraños, con sus bestias y sus voces extrañas, su violencia y sus maravillas nunca antes soñadas. Y habrá de aprovechar cualquier descuido para perderse entre los árboles y huir hacia cualquier lado.

No a su casa de donde fue expulsada, según cree recordar, siendo niña, tras la muerte de su padre. No al pueblo donde la vendieron la primera vez. No a la ciudad donde la regalaron luego de aquella extraordinaria batalla en la que se escuchaban truenos y los hombres caían como moscas. No hacia ningún atrás sino hacia donde sea, porque desde la llegada de aquellas enormes naves y aquellos seres tan extraordinarios como infames, nada ha vuelto a ser como era y nada parece tener sentido.
Sin embargo, casi enseguida sucederá algo que le impedirá irse y la transformará en otra. En una que pasó a llamarse Marina o Malinche.

Los extraños que hablan ese idioma que nadie entiende pueden comprender lo que se les dice porque uno de ellos conoce uno de los dialectos del sur. Pero aquel día reciben a un enviado del emperador de los mexicas que hablan nahuatl, una lengua que ninguno de ellos conoce.
No hay forma de entender lo que los enviados dicen ni hacerles entender nada, ni siquiera con gestos, porque hasta el idioma gestual es diferente entre gentes que han estado separadas tanto tiempo. Y entonces, en aquel momento de una Babel revisitada, ella se aproxima a los monstruos del mar y les dice “Yo sé”.

A partir de ese momento, la joven que por haber sido vendida o regalada tantas veces hablaba dos idiomas y que pronto hablará tres, comenzó a ser el puente entre lo imposible y lo inevitable, entre un universo cultural cruel con ella, que se deshace y se desangra, y un nuevo orden que irrumpe con sus cruces, su acero, su lengua, sus caballos sudorosos y sus pestes.

No sabemos si fue todo lo decisiva que alguna vez se sospechó, pero sí sabemos que desde su muerte, apenas 10 años después, ha vivido varias vidas diferentes y ha sido interpretada de mil formas.

Al decir de la profesora Rosa Sarabia, del Dpto. de Español de la Universidad de Toronto, Malinche ha sido “la malinterpretada”. Y acerca de eso nos proponemos charlar, informalmente y compartiendo algo de beber, el 21 de noviembre. Por eso te invitamos. No siempre se cumplen 500 años de una leyenda.

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