Carlos Ventín: el chaqueño que le devolvió a Ontario su patrimonio arquitectónico

No podemos preguntarle a Carlos Ventín, fallecido en octubre de 2014, qué acontecimientos de sus primeros años como arquitecto lo trajeron desde Resistencia, Chaco, hasta London, Ontario en donde comenzó, a inicios de la década de los 60’s, la larga carrera que lo llevó a ser uno de los profesionales de la arquitectura más reconocidos y premiados de Canadá. Sin embargo, aunque no podamos seguir sus avatares de aquellos primeros años en detalle, sí podemos reconstruir, brevemente, su recorrido.

Carlos Ventín nació en 1939 y se graduó en la Universidad Nacional del Nordeste, en Argentina, siendo aún muy joven. Inmediatamente después viajó a Brasil primero y a Kharagpur, en la India después, para seguir sus estudios de posgrado junto a los legendarios Le Corbusier y Louis Khan, los dos modernistas que revolucionaron la forma de concebir la arquitectura en el siglo XX.

En aquel primer destino, Oscar Niemeyer junto a otros discípulos de Le Corbusier estaban finalizando la construcción de Brasilia, el ícono del modernismo, primera y única “ciudad de diseño” construida hasta entonces, y allí seguramente se haya visto subyugado por las líneas rectas y las curvas netas y sobrias que eran la marca de fábrica de los seguidores del gran maestro francés.

En la India, su segunda etapa en aquel vertiginoso recorrido, obtuvo una beca para trabajar junto a otro grupo de arquitectos, vinculados a Louis Khan, en el Indian Institute of Technology in Kharagpur, en donde una vez más lo vemos vinculado a proyectos arquitectónicos de vanguardia.

Sin embargo y para nuestra sorpresa, ese recorrido se ve súbitamente alterado, y Ventín emigra a un Canadá que, por entonces, aún estaba cerrado sobre sí mismo y recién comenzaba a abrirse al mundo. Llegó, en palabras de una de sus hijas, Carla, con sólo 10 dólares en los bolsillos, comenzó a trabajar para el Consejo Escolar de la ciudad de London y casi diez años después su carrera daría un vuelco que la encaminó en una dirección que Ventín no había soñado.

Como le relatara el propio protagonista de esta historia al Toronto Star en 1986, dada su formación modernista, nunca se había sentido atraído por las tareas de restauración de edificios ya que “pensaba que eso restringía la libertad del arquitecto, y le fijaba una serie de limitaciones inaceptables”. Era el tiempo en que, sobre todo en un país que trataba de modernizarse a marchas forzadas como Canadá, cuando se deseaba hacer algo nuevo, parecía necesario destruir lo viejo o al menos prescindir de sus servicios.

Cuentan quienes estuvieron cerca suyo que, trabajando en 1972 para una empresa de arquitectos en Simcoe, a la que se le había encomendado diseñar un nuevo edificio tirando abajo la antigua Norfolk County Courthouse, le ocurrió a Ventín algo extraño. Una mañana, después de haber estado abocado toda la noche al diseño del nuevo edificio, una señora que estaba limpiando las oficinas se le acercó y le reprochó lo que estaba por hacer: destruir algo que había estado en ese lugar por más de 100 años. Un edificio que todos los habitantes del lugar consideraban como parte sustancial de sus vivencias y su identidad.

Pudo haber sido así o quizás ocurrió de otra manera, pero lo cierto es que Ventín corrió el riesgo de romper con su empleador y le propuso al consejo de la ciudad realizar un nuevo edificio conservando la estructura básica del anterior, por un costo menor.

Desde entonces, aquel arquitecto inmigrante y modernista, se transformó en alguien que se tomó el trabajo de buscar por todo Ontario edificios con valor patrimonial que estuvieran a punto de ser demolidos, contactar a los líderes del lugar, convencerlos de que no es eliminando el pasado que se construyen ciudades más amigables, imaginando nuevos usos para las antiguas construcciones, contagiando entusiasmo y dándole a la provincia un sentido de si misma que estaba a punto de perder.

Tomó -como recordaba él mismo en 1991 cuando se inauguró su magnífica reconstrucción del St. Thomas City Hall-, edificios que ya habían sido condenados, para darles una nueva vida y un nuevo sentido, transformándolos no en reliquias bien cuidadas o en piezas de museo, sino en lugares en los cuales la gente trabaja, estudia, es atendida o simplemente transita y se vincula.

Le regaló a toda una provincia algo que su gente no sabía que tenía: una historia arquitectónica digna de seguir siendo escuchada.

Fanshawe College Library | Carlos Ventín | 1982

Desde Toronto a St. Thomas, desde Kitchener a Kilbride, Ventín y su estudio de arquitectura rescataron viejos city halls, juzgados, iglesias y capillas, institutos de enseñanza, viejas cárceles, bibliotecas y hospitales destinados a la demolición. A través de su trabajo y su entusiasmo contagioso le aportó una nueva vida a pequeños centros urbanos y a grandes ciudades con proyectos que incluyeron el antiguo Toronto City Hall o el edificio de la Legislatura de Ontario en Queen’s Park así como proyectos más pequeños pero no menos significativos en Woodstock, Lennox, Addington, Guelph, Simcoe y Milton, caracterizados por su simplicidad y su sentido de la innovación.

5 COMENTARIOS

  1. El fue mi tío, además de un hombre con visión y talento, una persona sumamente generosa. Tío… Solo vos sabés cuánto te quise y cuánto te querré… Gracias por todo lo que hiciste por nosotros…

    • Hola Joaquín, agradecemos tu comentario. Realmente, el arquitecto Ventín, a quien no tuvimos el placer de conocer, ha de haber sido una persona fuera de lo común.

    • Totalmente cierto, Joaquín y él también se desvivía por uds. Así fue como tu hno Felipe, también arquitecto, decidió un día seguir sus pasos y se fue a ésas tierras. Tu tío Carlos fue el gran timador de tos uds, por supuesto con Adriana tu madre a la cabeza. Nunca olvidaré a tu abuelo Manolo, orgulloso de él, diciéndole,» basta Chiquito» como él lo llamaba para que terminara con sus bromas. Gran persona, Carlos, tu tío. Besito Joaquín.

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