Una década larga que no sabemos cuándo finaliza

Comienza una nueva década, y mientras cada uno intenta hacer un repaso (necesariamente parcial y caótico) de lo sucedido en ese lapso, otra comienza. Aunque ni siquiera ésto es muy seguro…

El siglo XX comenzó en 1914 cuando un ignoto nacionalista servio arrojó en Sarajevo la bomba que terminó con las vidas del Archiduque Francisco Fernando y de su esposa Sofía, dando inicio a la serie de eventos que determinaron la Primera Guerra Mundial. Y finalizó en 1989 con la caída del Muro de Berlín y el colapso soviético.

Eso es lo que nos enseñó el historiador británico Eric Hobsbawm: hay siglos cortos y siglos largos, que no se corresponden con lo que dicen los almanaques. Hay acontecimientos que les dan un principio y un fin.

Algunos de ellos son fácilmente identificables. Otros permanecen ocultos hasta que algo estalla.

Eso mismo ocurre con las décadas. A tal punto que podríamos decir que la que parece haber finalizado hace pocos días, comenzó quizás el 15 de septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, cuyas consecuencias se fueron desplazando globalmente como una onda sísmica, afectando de uno u otro modo la vida de cada una de las personas del planeta y alimentando sucesos que parecieron en su día efímeros pero que hoy sabemos que
han sido determinantes y de largo alcance.

Aquel casi olvidado Tea Party, fundado en 2009 al calor de la crisis global, por absurdos y extremistas que parecieran sus postulados de “conservadurismo fiscal”, fue la punta de lanza para la eclosión de los populismos de derecha tanto en Norte América como en Europa y América Latina, que varios años después fueron la base social que permitió la llegada al poder de un personaje que comenzó pareciendo una torpe anomalía del sistema y hoy ocupa la centralidad de un nacionalismo agresivo e imprevisible. Y desde entonces, otros con características similarmente extrovertidas y autoritarias han ido brotando aquí y allá. Boris Johnson en el reino Unido, Jair Bolsonaro en el Brasil, son apenas los casos más exitosos y notables. Janinne Añez, el fruto inesperado de un Golpe de Estado evangélico y racista, disfrazada en Bolivia de Santa Claus, es seguramente el más novedoso y patético.

Mientras eso sucedía y también como consecuencia de la crisis de 2008, comenzaba a hacerse visible que un 1% de los habitantes del planeta concentran más riqueza, poder y posibilidades que el 99% restante. De ese modo, las protestas de los Indignados que acamparon en la Puerta del Sol en Madrid el 15 de mayo de 2011 en reacción a las políticas de austeridad con las que la inmensa mayoría paga por el bienestar y los excesos de unos pocos, se extendieron a Occupy Wall Street unos meses después y sus coletazos, en el helado octubre de aquel año, se asomaron a Toronto. A partir de aquellos debates en calles, plazas y universidades fueron surgiendo quienes se han situado en el lado opuesto al de los nacionalismos conservadores descritos en el párrafo anterior: los milennials que hoy apoyan a Bernie Sanders o a Elizabeth Warren en el partido Demócrata de los EEUU surgieron a la vida pública en aquellos días. La conformación este 7 de enero en España de un gobierno de coalición que incluye a los y las herederas directas de aquel 15M es otro buen ejemplo.

Pero ese eje Derechas-Iizquierdas es sólo uno de los que han marcado la década que comenzó en 2008 y que aún no podemos determinar si ha finalizado o no.

Podríamos tomar el eje Globalización/Proteccionismo y entonces deberíamos atender la situación paradojal de que un país comunista como China sea hoy quien lidera el capitalismo global y los avances tecnológicos y de infraestructura transcontinental, mientras que los EEUU, generadores de la globalización, parecen querer encerrarse hoy en sus gorritos rojos con viseras que piden que “su” América vuelva a ser grande.

Podríamos también fijarnos en un eje Gobiernos represivos/Sociedades insatisfechas y nos perderíamos en el mar de las “primaveras árabes” de 2010 que finalizaron en colapsos civilizatorios y rapiñas crueles, como en los casos de Siria o Libia. O que son medidos con diferentes varas según de qué lado estén los muertos y los mutilados y de qué lado del mostrador se encuentren sus gobiernos, como ejemplifican los casos de Venezuela, Colombia o Chile.

O podríamos hacer foco en el eje feminismo/patriarcado y asombrarnos con lo que esta década trajo consigo. Hace diez años preocupaba que muchas mujeres consideraran que el feminismo era ya una reliquia incómoda del pasado… Y de pronto nos hemos encontrado con millones de mujeres de todas las edades, en especial jóvenes que desde #metoo, ni-una-menos, los pañuelos verdes y el-violador-eres-tu o los movimientos que reclaman paridad salarial y política, marcan una nueva agenda vivificante y arrolladora.

Se puede además atender el eje Crisis ambiental/Nnegacionismo, un tema crucial del que depende la conservación de la vida tal como la conocemos y acerca del cual hoy hasta los adolescentes y los niños reclaman su derecho a ser escuchados… O el eje Migrantes/Xenofobia, con las pateras repletas de africanos hundiéndose en el Meditarráneo, los refugiados de Mianmar o el ignominioso Muro que nos siguen prometiendo en la frontera que separa la América anglosajona de la América hispana… O podríamos centrarnos en el eje Trabajo humano/automatización, que nos coloca en situación de no saber si en la sociedad del futuro habrá lugar para todos.

En fin… no sabemos en realidad cuándo ha terminado o cuando finalizará la década en la que hemos vivido hasta hoy. Podría ser que dentro de algunos años digamos: “aquella última década finalizó el 3 de enero de 2020, cuando Donald Trump pensó que podía asesinar a un general iraní en Irak sin consecuencias…” Pero hoy ni siquiera podemos estar seguros de cuál será la repercusión que ese asesinato tenga.

Para saberlo, deberemos seguir atendiendo la realidad, tratando de entenderla, luchando para no perdernos en el pantano de comunicación vacía que aliena y embrutece y, por supuesto, ¡cruzando los dedos para que la nueva década nos haga mejores.