¿Qué debería hacer el periodismo cuando le dicen que olvide y calle?

La muerte conmueve, por más que la sepamos inevitable. Y conmueve más cuando la vida que se termina es la de alguien joven o alguien que todavía no ha llegado a la edad en la que morir comienza a ser una posibilidad que espera a la vuelta de la esquina. Eso no es sorprendente porque las muertes de personas jóvenes suelen estar acompañadas de circunstancias trágicas (accidentes, violencia, enfermedades crueles) que suponen una conmoción adicional. Pero sobre todo, conmueven más (o eso parece) las muertes de personas exitosas, ricas, o famosas, y esto es especialmente cierto cuando el éxito, la fama y la riqueza se han obtenido en un terreno como el deporte.

Cuando muere una estrella indiscutible del mundo del deporte (que por razones obvias suele ser un hombre) las muestras de dolor y pesar tienen algunas características bien marcadas. Durante un lapso de entre 48 y 96 horas posteriores a la muerte se produce una explosión de notas periodísticas y de declaraciones de personajes ligados al deporte, la política y los espectáculos. Se multiplican las muestras de estupor, incredulidad y sincero desgarramiento. Se elevan las virtudes del fallecido hasta transformarlo en alguien irreemplazable, que deja un legado que otros se comprometen a seguir. Se rinden homenajes, se recuerdan momentos de gloria, se destacan, sobre todo, sus valores. Las fotografías de los periódicos reviven su rostro crispado en el esfuerzo, sus horas de entrenamiento y preparación, el sudor que corre sobre un cuerpo incomparable y perfecto, los músculos que se tensan en gestas épicas en las que la estrella lo ha dado todo, la sonrisa amplia que dibuja en el rostro el triunfo sobre los demás.

Todo eso, aún en el caso del fallecimiento que motiva esta nota, el del basquetbolista Kobe Bryant, que incluye además la muerte de su hija adolescente y de otras 7 personas cuyas desapariciones -recordémoslo- son igualmente dolorosas, dura lo que un lirio.

Porque eso es lo que tiene la muerte. Es un final. Las familias o las personas más allegadas deberán eleborar un duelo y sobrevivir emocionalmente a la pérdida. Pero la prensa o el público no suelen dedicarle a los duelos más que una semana. Después… el negocio del espectáculo debe seguir, los homenajes se repiten pero en el marco de nuevos espectáculos, como un ingrediente más. Y llegado ese punto, todo es recuerdo.

En el caso que nos ocupa, sin embargo, se ha introducido un ruido molesto, un elemento extraño que nadie esperaba que se sumara al duelo, y eso ha colocado al periodismo ante uno de sus más interesantes desafíos (impensado sólo 10 años atrás) porque la piedra de la discordia salió desde la redacción de uno de los medios de prensa más influyentes a nivel mundial, el Washington Post. Y la arrojó una mujer.
Apenas habían pasado 24 horas del accidente, y cuando el aluvión de notas periodísticas estaba en su apogeo, la columnista del Post, Felicia Sonmez publicó en las redes un tweet recordando el caso de violación en el que Bryant había estado involucrado en 2003 y lo linkeó a un artículo de The Daily Beast de 2016. En esa extensa nota, que recomendamos, se detallan la denuncia de la joven violada y los alegatos de la defensa para hacerla aparecer como desequilibrada y promiscua. Se recuerdan las declaraciones del acusado negando, aceptando, relativizando, contradiciéndose e incluso inculpando a otros basquetbolistas en conductas similares. Se reconstruye el proceso que llevó a la joven a retirar sus denuncia, se publica la altísima suma de dinero que recibió para hacerlo, y se informa acerca de las modificaciones al código penal que debió realizar el estado de Colorado para que aquel espectáculo bochornoso y re-victimizador no se repitiera.

La primera reacción de la dirección del Washington Post es una muestra de que ni siquiera en los grandes medios se ha comprendido cabalmente la magnitud de los cambios que se han producido en nuestra sociedades en los últimos años. Su subdirector, sin pensarlo demasiado, suspendió a la periodista, también vía twitter, por haber minando la credibilidad de las notas que escribían sus compañeros. Pero esa reacción también duró lo que un lirio. Pocas horas más tarde la totalidad de los medios más caracterizados del “mainstream” , como el New York Times, The Guardian o El País, así como las cadenas de televisión y radio de todo el mundo y un sinnúmero de medios de prensa digital, estaban haciéndose eco de lo sucedido. Y por supuesto, reintroduciendo aquella “olvidada historia” en sus páginas y en sus pantallas. Mientras tanto, los periodistas del Washington Post habían elevado a la dirección del diario una nota de protesta, y en las páginas editoriales aparecía una nota en la que se reconocía el error de haber intentado acallar a Felicia Sonmez para no desagradar al público.

De ese modo, a lo largo de las 24 horas siguientes, fueron conviviendo en la prensa de todo el mundo las notas periodísticas que destacaban las cualidades de Kobe Bryant como deportista o como padre, junto a las que lo recordaban como alguien que al menos una vez había sido acusado de usar su fuerza, su influjo personal y su dinero para violar impunemente a una recepcionista de hotel que le había pedido un autógrafo.

Y ahí está lo que hace de este caso algo de lo cual todos podemos aprender. Saltó la barrera de los homenajes, superó la naturalización de la masculinidad exitosa con derechos especiales, y trascendió la idolatría, para adentrarse en el terreno de la ética y del “deber ser”. Y por eso será recordado durante mucho tiempo. Se discutirá en aulas universitarias, en talleres de periodismo, y en salas de redacción. Se escucharán las voces de quienes creen que el paso del tiempo y la muerte deberían oficiar como un manto de olvido y piedad sobre las inconductas pasadas de quien sea, y se escucharán también las voces de quienes creen que un duelo no puede borrar lo que sucedió si alguien, una periodista en este caso, siente que su deber como profesional y como persona, frente al público, frente a las víctimas pasadas y futuras, y frente a sí misma, es no olvidarlo.


Esta nota forma parte de los materiales de trabajo del Proyecto Cuéntame.2 – www.latinasentoronto.org/cuentame2/

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