Leer en voz alta: una experiencia renovadora

Si decimos “leer en voz alta” nos imaginamos como madres o padres leyendo al borde de la cama de un niño que se durme. O como abuelos. O incluso podemos recordarnos a nosotros mismos cuando nos leían y hasta podríamos volver a sentir la paz de la voz que escuchábamos cada noche o la curiosidad por lo que comenzábamos a entender del mundo y de sus personajes fundamentales… El pescador que se compadecía de un pez dorado en un pueblo de China, los tigres de bengala que acechaban el paso del Rajá, la tortuga que cargaba sobre sí a un escritor gravemente enfermo, o Buck defendiendo a dentelladas su derecho a conducir el trineo.

Leerle en voz alta a los niños es una idea excelente, ya que estimula la adquisición temprana del lenguaje, el gusto por la lectura y la amplitud de su vocabulario futuro, además de fomentar el vínculo afectivo y, por supuesto, hacerlos dormir cuando ya es hora. Pero leer en voz alta no es sólo eso… La lectura compartida entre personas adultas está resultando ser una de las expericias más gratificantes en una época que parece estar signada por el consumo desmedido de imágenes y sobre todo por la disminución del tiempo que le dedicamos a escuchar a personas reales hablándonos y diciéndonos algo significativo.

Porque quien nos lee en voz alta no sólo nos está hablando sino que está utilizando su propia voz para darle la suya a alguien que no está pero dejó una carta escrita especialmente para nosotros. La literatura, bien mirada, son mensajes que nos llegan desde un mundo desde el que nos llaman. Invitaciones a vivirnos de otra manera colocándonos la piel de otros, y si bien leernos a nosotros mismos, en silencio, es insustituíble como experiencia individual, estar frente a alguien que lee para nosotros nos instala en una forma de comunión afectiva diferente..

Sería un error ver la lectura en voz alta como una artilugio auxiliar relegado a niñas y niños que aún no saben leer, ya que una vez que ya no lo necesitan, pierden bruscamente uno de los placeres más elementales de los seres humanos, que es escuchar la voz afectuosa de otros y compartir palabras, emociones y pensamientos. La edad y el aprendizaje de la lectura no tienen por qué marcar una frontera entre la lectura compartida y la lectura en silencio.

Luego, en el aula o en el ámbito domérsico, la lectura en voz alta puede convertirse en el recurso más eficaz para estimular en niños y jóvenes la curiosidad y el deseo de leer.
Pero es entre adultos, es decir cuando ya no se trata de algo “util” sino de algo puramente relacional y afectivo, que la lectura en voz alta alcanza su mayor capacidad de acto vinculante. No hay que tenerle miedo… Hay que hacer la prueba.