La recuperación del mercado de trabajo y el tiempo que vendrá

Por Horacio Tejera

Después de cuatro meses de datos económicos negativos, el último informe de empleo divulgado por Statistics Canada contenía algunas buenas noticias.

Cuando se comparan las cifras de junio y mayo, se comprueba que en ese lapso casi un millón de personas habían recuperado su trabajo o se encontraban realizando un trabajo nuevo, y eso está por encima de las cifras esperadas.

Se puede decir entonces que el mercado laboral de Canadá ha recuperado en ese período más de la tercera parte de los empleos que se perdieron entre febrero y abril a causa de las medidas de restricción de actividades tomadas para combatir la pandemia de Covid-19

Sin embargo, y a pesar de esos alentadores resultados, los próximos pasos para la recuperación del empleo serán mucho más difíciles de lograr.

La proporción de quienes aún están desempleados pero tienen perspectivas ciertas de volver a sus trabajos anteriores ha disminuido sustancialmente y es ahora de sólo un tercio.

Y la razón para ello es que se está experimentando una segunda ola de despidos a medida que las empresas comienzan a tomar medidas de reducción permanente de su plantilla de trabajadores derivadas de una contracción del mercado. Ejemplos recientes de eso y considerando sólo el área de los transportes, incluyen compañías como Air Canada, WestJet, Bombardier y VIA Rail con 20.000, 3.300, 2.500 y 1.000 despidos respectivamente.

La tasa oficial de desempleo, 12,7 por ciento, sigue siendo solo la punta del iceberg de la verdadera situación del mercado laboral. De acuerdo a Jim Stanford, economista y director del Centro para el Trabajo Futuro, si se toman en consideración las personas con trabajo nominal pero que no están trabajando en este momento, y a quienes han dejado de buscar trabajo, se obtiene una medida más realista del desempleo efectivo, que se ubicaría así entre el 21 y el 22 por ciento.

Esas cifras son mucho mejores que las de abril, cuando el desempleo real alcanzó el 35%, pero sigue siendo una crisis histórica y la reconstrucción del mercado laboral requerirá una acción decidida y sostenida del gobierno.

El abandono de las falsas esperanzas

De acuerdo a Stanford, es necesario abandonar la esperanza de una recuperación del mercado laboral rápida y con un gráfico en forma de V, y adaptar las espectativas a lo que se comienza a ver en la realidad: un rebote rápido pero parcial en el momento en que se reanudan las actividades y se alivian las restricciones, seguida de una recuperación más atenuada y extendida en el tiempo, en el momento en que se comienzan a notar las restricciones en la demanda de bienes y servicios debidas a la recesión provocada a nivel mundial por el coronavirus.
Este análisis, coincide plenamente con el realizado a nivel macroeconómico por Joseph Stiglitz que comentábamos en nota de nuestro número anterior. En su análisis, el reconocido economista estadounidense advertía acerca de que en el período post-pandemia deberemos acostumbrarnos a una economía anémica:

Although it seems like ancient history, it hasn’t been that long since economies around the world began to close down in response to the Covid-19 pandemic. Early in the crisis, most people anticipated a quick V-shaped recovery, on the assumption that the economy merely needed a short timeout. After two months of tender loving care and heaps of money, it would pick up where it left off.

It was an appealing idea. But now it is July, and a V-shaped recovery is probably a fantasy. The post-pandemic economy is likely to be anaemic, not only in countries that have failed to manage the pandemic (namely, the US), but even in those that have acquitted themselves well.

Para acelerar la recuperación del mercado de trabajo y no correr el peligro de que el estancamiento económico se vuelva crónico, tanto Stiglitz como Standford, reclaman la intervención decidida del Estado y políticas de corte keynesiano.

En esa línea, de acuerdo a Stanford:

…we’re already getting close to the limit of the automatic job recovery we can expect from simple relaxation of health restrictions: that is, the end of that partial upward arm of the “V.” And as we have seen in the U.S., Victoria in Australia, and elsewhere, this monster will snap back to life when it sees any opening. So hard work is ahead.

Y como una muestra de que ese esfuerzo es no sólo necesario sino además posible, nos pone un ejemplo.

Para algunos analistas, el enorme déficit de $ 343 mil millones que han generado las políticas de protección social durante la pandemia es una mala noticia. Parece ser dinero perdido.

Pero, nos aclara Stanford, esa cifra debe ser mirada desde otra perspectiva. Es lo que la sociedad canadiense ha invertido hasta ahora no sólo para salvar vidas, sino para rescatar a la propia economía, ya que sin esa inyección de dinero se habría perdido más empleos, el consumo hubiera descendido mucho más, la recesión sería mayor y las perspectivas de recuperación que tenemos por delante serían aún más precarias.

Ese esfuerzo realizado por la sociedad en su conjunto entre febrero y mayo es el responsable de la buena noticia de que se hayan recuperado en junio un millón de empleos y será necesario que el gobierno continúe por esa vía si se quiere evitar que la recuperación se estanque.

Sobre todo, y esto hay que tenerlo en cuenta, porque según se deprende del informe de Statistics Canada, la crisis del empleo está afectando de modo desproporcionado a quienes son más vulnerables.

Las pérdidas de empleo desde febrero entre los trabajadores que ganan menos de $ 16 por hora (la quinta parte inferior del mercado laboral) han sido casi siete veces peores que para otros trabajadores.

Las mujeres, los jóvenes, las minorías, los inmigrantes, deberán entonces estar en el centro de las políticas de promoción del empleo, ya que de lo contrario experimentaremos una polarización destructiva del bienestar y las oportunidades que, entre otras consecuencias, debilitarán nuestra capacidad de respuesta efectivamente a futuras emergencias de salud pública.