Tú eres quien lo imagina. Sé tú quien lo cuente.

Las bases del concurso, el modo en que deben ser enviados los originales, los plazos y todo lo relacionado con el certamen se puede encontrar en el sitio web de Cuéntame o en el portal del Dpto. de Español y Portugués de la Universidad de Toronto.
Los relatos que sean elegidos por el jurado serán publicados en las páginas centrales de Correo y se leerán en el espacio semanal que compartimos en CHHA Voces Latinas.


Escribir un relato breve es un desafío apasionante, porque la brevedad no es un sinónimo de cosa que se resuelve fácilmente, sino una dificultad a superar.

Por eso el Departamente de Español y Portugués de la Universidad de Toronto y la revista Cuéntame, lanzan el Primer Certamen de Relatos Breves “El día después” a mediados de julio y reciben los trabajos que se les envíen hasta mediados de septiembre.

Porque escribir un relato breve pude ser tarea de pocos minutos si la inspiración pasaba por el lugar y nos golpeó la cabeza con una gran idea… o puede ser el trabajo de semanas y meses.

Por eso también nos ha parecido pertinente aquí dar algunas pistas de qué debe entenderse por cuento o por relato breve.

Un cuento es una narración breve creada por uno o varios autores, basada en hechos reales o ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo.

Los cuentos seguramente hayan sido una de las primeras formas de compartir experiencias, deseos, temores, mucho antes de que el lenguaje tuviera una forma escrita y de acuerdo al filósofo español Fernando Savater, los primeros cuentos deben haber sido lo que alguien recién llegado desde muy lejos le contaba a quienes, reunidos por la noche alrededor de una hoguera, deseaban saber cómo era el mundo más allá de los montes que se perdían en el horizonte o después de haber cruzado ese río caudaloso que separaba “nuestro mundo” del otro. El mundo de las cosas desconocidas e insondables.

Los primeros cuentos entonces han de haber sido una mezcla de noticias y ficción, de fábulas y enseñanzas, de emociones transmitidas en voz baja y sentimientos difíciles de transmitir, y eso es lo que, después de decenas de miles de años continúan siendo.
Para que se cumpla con lo que de alguna manera ha venido a ser el canon, los cuentos suelen incluir varios personajes que participan en una sola acción central, y de ser posible un final que impacte, que contenga un desenlace inesperado, que le de al lector, aunque se trate de un final abierto, eso que también esperaban recibir quienes alrededor de la hoguera escuchaban en silencio al recién llegado. Algo que previamente no estaba. Una realidad que sólo existe una vez que el cuento ha concluido y se ha realizado el milagro. Una puerta por la que la imaginación pasa para mirar con asombro lo que no se sabía.

Básicamente, un cuento se caracteriza por su corta extensión. Debe ser más corto que una novela, pero no es sólo la brevedad lo que diferencia ambos géneros. En el cuento no se pasa de unas situaciones a otras, el tiempo, en un cuento, no alcanza para que el narrador entre en detalles o se pierda en explicaciones que ayuden al lector a situarse y entender. Debe ser conciso a riesgo de incomodar al lector o dejarlo perplejo e instisfecho…. Como decía con cierta malignidad Mario Arregui, un escritor uuruguayo que sólo escribió cuentos y nunca quiso incursionar en el género novela: “soy un hombre ocupado y aspiro a que mis lectores también los sean. No escribo para gente ociosa”.

Y si un cuento es una narración breve, los llamados microcuentos o como en este certamen simplemente narraciones breves, deben ser aún más concisas.

Existe un microcuento del guatemalteco Augusto Monterroso que ha alcanzado la fama de ser el cuento más conciso y breve del idioma español:

Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allí.

Puede ser un buen ejercicio para un día de lluvia analizar si esta narración ultrabreve de Monterroso cumple o no con las características de un cuento (y por lo general los críticos coinciden en que sí las cumple), pero sería mejor ejercicio aún sentarse frente a una ventana con un lápiz, una goma de borrar y un viejo cuaderno o frente a una pantalla en cualquier lugar de la casa o la ciudad y tratar de narrar, en menos de 200 palabras algo que tenga relación con “eso” que en las bases del concurso se define como “El Día Después”.

Porque como dicen los organizadores: Tú eres quien lo imagina. Sé tú quien lo cuente.