Latinoamérica y el Caribe atentos a la mirada de Joe Biden

Tras poco más de un mes en el cargo y a pesar de las prioridades del presidente estadounidense, Joe Biden, en el orden doméstico y la arena internacional, la nueva administración comienza a mirar hacia América Latina y el Caribe, aunque quizás sin la celeridad que todos esperaban.

   Para algunos expertos las dilaciones se deben a dos problemas fundamentales, en primer lugar a que el nuevo jefe de la Casa Blanca tiene un cúmulo de tareas pendientes a lo interno, entre ellas la pandemia y sus efectos en la economía.

   El otro obstáculo radica en que hasta casi finales de febrero el Senado confirmó solamente a seis de sus nominados al gabinete, y quedan vacantes puestos clave para su gobierno, situación que dilata el cumplimiento de muchas de sus prioridades, algunas de las cuales están vinculadas a sus nexos con el hemisferio occidental.

   Los senadores confirmaron a los secretarios de Estado, Defensa, Tesoro, Transporte, Asuntos de Veteranos y Seguridad Nacional, pero aún falta el aval de la Cámara Alta a 15 miembros del equipo gubernamental de Biden.

   En su primer mes en la presidencia, Barack Obama (2009-2017) tenía 14 funcionarios aprobados para su gabinete, George W. Bush disponía de 11 y Donald Trump ocho.

   No obstante, estas dificultades, al parecer el mandatario demócrata comienza a ajustar sus proyecciones hacia la región latinoamericana y caribeña, en medio de su ardua tarea para neutralizar los efectos tormentosos de su antecesor, Donald Trump (2017-2021), en esta y otras áreas del mundo.

   Pero la política migratoria es un ángulo de las proyecciones de Biden en el plano doméstico que tiene un nexo indisoluble con América Latina, y al respecto el gobernante demócrata presentó oficialmente al Congreso el 18 de febrero su propuesta de reformas en ese sector.

    La iniciativa prevé un paso ordenado hacia la ciudadanía para alrededor de 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, entre otras provisiones.

   Entretanto, a partir del 19 de febrero, la Casa Blanca comenzó la primera fase para la admisión de unos 25 mil solicitantes de asilo hasta ahora obligados a permanecer en México, y de esa forma terminar con el polémico Programa de Protección al Migrante (MPP) instaurado por Trump.

   Pero esto no significa un cheque en blanco para los futuros migrantes, y por eso las autoridades estadounidenses advirtieron que “quienes no sean candidatos para esta fase del programa no deben viajar a la frontera”.

   El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, elogió el conjunto de medidas anunciadas por Biden, mientras el mandatario de Costa Rica, Carlos Alvarado, dio la bienvenida a Estados Unidos “de regreso al multilateralismo”, entre algunas de las reacciones positivas sobre el tema.

   Hay otros aspectos de la política hacia la región que pudieran ser motivos de roces con los gobiernos del área, como es el caso de la promesa de Biden de centrarse en las medidas anticorrupción, algo que en el continente se aborda desde puntos de vistas diversos.

   El mandatario manifestó desde su campaña electoral el compromiso de ayudar a fomentar los planes de desarrollo de las naciones menos favorecidas en Latinoamérica y el Caribe, aunque en esto, al igual que en otras facetas de sus decisiones principales, tendría que enfrentar la oposición del liderazgo republicano.

   Expertos señalan que Biden tiene a su favor el hecho de que como vicepresidente del gobierno de Obama, fue un interlocutor válido para América Latina y viajó a la región al menos 16 veces, algo que marca una diferencia con Trump, quien lo hizo en una sola ocasión.

   Según Michael Camilleri, especialista de Diálogo Interamericano, un centro de estudios con sede en la capital estadounidense, Biden “estará mucho más comprometido con la prosperidad de la región y su capacidad para enfrentar desafíos que van desde el crimen organizado hasta los desastres naturales”,.

   En cuanto a los nexos con Cuba, el gobernante demócrata prometió durante su campaña electoral realizar cambios sustanciales en la política hacia la isla, y revertir las medidas de su antecesor durante sus cuatro años en el poder contra la nación antillana.

   En junio de 2017, el presidente Trump cambió la política hacia la nación antillana para arreciar las sanciones unilaterales, objetivos descritos en detalle en el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional del mandatario.

   Al respecto, en las últimas semanas algunos de sus asesores reiteraron ese deseo expreso de Biden y señalaron que las acciones respecto a la isla caribeña estarían dirigidas a reimplantar algunas disposiciones de Obama, aunque hasta la fecha no ha habido casi nada al respecto.

   De todas formas, los gobiernos latinoamericanos y caribeños, las entidades regionales y la opinión pública están a la expectativa sobre los próximos pasos de Biden hacia la región.

   Expertos citados por medios de prensa estadounidenses señalan que con la nueva jefatura de la Casa Blanca finalmente se impondrá una proyección más realista, menos agresiva hacia los gobiernos y pueblos de la región y más acorde, incluso, con los intereses de Estados Unidos.