Las guerras internas y externas de Estados Unidos

Las cosas no han funcionado bien para el presidente estadounidense, Joe Biden, en los últimos días, en particular después que llamó “asesino” a su homólogo ruso, Vladimir Putin, y por otras causas se acentuaron sus divergencias con Irán y China.

La cancillería de Rusia lamentó la negativa de Biden de sostener un diálogo directo y constructivo con Putin, pues según una nota enviada a los medios “se perdió otra oportunidad para romper el estancamiento en las relaciones ruso-estadounidenses por culpa de Washington”.

Según reportó la agencia noticiosa TASS, en las relaciones con Washington, Moscú solamente tendrá en cuenta los términos que considere favorables a los intereses rusos.

Otro problema grande en que está inmerso Biden y su equipo es el cumplimiento de su promesa de campaña de retirar las tropas de Afganistán, un asunto que salió a relucir en los últimos días, después que el mandatario demócrata rechazó confirmar si mantiene para el 1 de mayo el plan de salida de los más de dos mil 500 militares de su país desplegados en la nación centroasiática.

En esta guerra, que en octubre de este año llegará a las dos décadas, han muerto más de 2.300 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses y decenas de miles de civiles afganos.

Entretanto, en el plano doméstico, la situación en la frontera con México se hace cada vez más difícil para el gobierno de Biden, coyuntura que tiende a empeorar los nexos con las autoridades del país vecino. En particular se tensan las relaciones con el presidente Andrés Manuel López Obrador, un fiel amigo del exgobernante republicano Donald Trump, y de quien expertos afirman que no es muy adicto a las políticas del nuevo jefe de la Casa Blanca.

En los últimos días, Biden defendió la respuesta de la administración a las condiciones en la frontera y aseguró que visitaría el área limítrofe “en algún momento”, para verificar in situ las denuncias sobre las condiciones de los indocumentados en los centros de detención estadounidenses.

De acuerdo con cifras oficiales, el gobierno de Estados Unidos aloja actualmente a unos 15.500 menores migrantes no acompañados, incluidos 5.000 adolescentes y niños en instalaciones de la Patrulla Fronteriza que no están debidamente equipadas para darles un servicio adecuado.

En este contexto, una delegación del gobierno de Biden viajó esta semana a México y Guatemala para abordar el tema migratorio con las respectivas cancillerías.

Como para complicar aún más la gestión del mandatario, en menos de una semana, al menos 18 personas han muerto en dos tiroteos masivos de alto perfil, reavivando los gritos de protesta de los demócratas para que el Congreso apruebe medidas integrales de control de armas.

Un tirador abrió fuego en un supermercado en Boulder, Colorado, el 22 de marzo, y provocó la muerte de 10 personas, incluido un oficial de policía, una acción que la vicepresidenta Kamala Harris calificó de “absolutamente trágica”.

La tragedia tuvo lugar en medio del debate sobre una acción similar la semana pasada en Georgia, donde fueron asesinadas ocho personas, seis de ellas mujeres asiáticas.

Son realidades que se suman a toda la problemática que enfrenta la nueva administración, que dentro un plazo relativamente corto cumplirá sus primeros 100 días en el poder.

En medio de sus contradicciones públicas con Rusia, China, Irán y otras naciones que Washington considera “hostiles”, y la crisis migratoria en la frontera con México, crece la ofensiva de los adversarios republicanos de Biden para echar leña al fuego a toda esta problemática desde sus curules en el Congreso o en otros niveles de la política de la nación norteña.

Para algunos, la lamentable caída de Biden de la escalerilla del Air Force One recientemente, fue un mal augurio adicional de que no todo anda bien para el presidente y que las guerras políticas internas y externas pudieran conformar una especie de tormenta perfecta que se cierne sobre su gestión en la Casa Blanca y no le permite concentrarse bien en sus tareas prioritarias.