Afganistán: entre la crisis social y las tensiones

Las noticias de lo que ha sucedido esta semana en Afganistán dejan claro un hecho: el mundo vive un episodio que tendrá importantes y profundas repercusiones geopolíticas. Más allá de las viejas tensiones, nuevamente desatadas, la toma del país árabe por las topas talibanas ha puesto en jaque la vida de cientos de miles de personas, entre ellas una cifra significativa de mujeres y niños.

El aeropuerto internacional de Kabul, fue precisamente el lugar donde esta  población más vulnerable buscó refugio, esperando lograr abandonar el país y el nuevo sistema que desde ya aplica cambios sociales radicales.

Las mujeres, un sector que en los últimos 20 años había logrado participar de forma más activa en la vida de la nación, han vuelto a ser víctimas de un régimen que le impone un importante número de prohibiciones que la colocan en franca desventaja y preocupa nuevamente a organizaciones internacionales de derechos humanos y a varios gobiernos.

La prohibición del acceso a la educación para niñas mayores de 10 años, las mutilaciones y sanciones por el uso de cosméticos hasta la imposición del Mahram (figura masculina de parentesco cercano) para realizar actividades simples como salir de su casa, son sólo algunos de los cambios a los que se enfrentan las mujeres y niñas afganas.

Aunque el nuevo gobierno ha manifestado que no tomará represalias en contra de la población que apoyaba al antiguo mandatario Ashraf Ghani las garantías son inciertas, algo que el gobierno de Canadá y otras naciones occidentales conocen.

Bajo esta premisa nuestro país anunció que daría asilo a unos 20mil refugiados afganos  para intentar paliar en la medida de lo posible esta nueva crisis humanitaria. A esa iniciativa se han sumado varias naciones de Europa que a través de algunas organizaciones no gubernamentales preparan condiciones y formas de actuar.

La toma de Afganistán es, sin embargo, un llamado de atención. No podemos quedar ajenos a este nuevo episodio que inicia. Canadá vuelve a tender su mano a los necesitados del mundo, pero no debemos olvidar que allí queda un pueblo que tras dos décadas de conflicto, regresa a manos de un movimiento que ha puesto en alerta a las grandes potencias globales.