Desde el inicio de 2020, el sector de los viajes y el turismo ha atravesado por acontecimientos negativos sin precedentes en los últimos cien años, superando con creces la recesión económica de los años 30, la Segunda Guerra Mundial, las secuelas de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, la pandemia de SARS en 2003, la de H1N1 y la crisis económica global de 2009.

 La provocada por la actual pandemia supone enfrentar una recuperación muy larga. Los consumidores de viajes y turismo necesitarán mucho tiempo antes de reanudar sus hábitos bajo novedosas condiciones, que aún son inciertas. En tal sentido, muchas aerolíneas consideran que la demanda de viajes tardará hasta 2025 y 2026 en recuperar los niveles de 2019.

Los cambios para enfrentar esta nueva realidad serán históricos en tamaño, velocidad y alcance. Las transformaciones no serán solo de un tipo particular de tecnologías emergentes, sino de transición hacia nuevos sistemas y procesos montados sobre la base de las infraestructuras digitales; la introducción de tecnología sin contacto en los procesos de viaje, y medidas de prevención y detección de contagios.

Estas transformaciones alterarán de manera acelerada y duradera el modo de cómo viajamos, nos comunicamos, producimos, consumimos e interactuamos.

La actual pandemia representa un antes y un después, pues la crisis es excepcional y deja muy variadas interrogantes en un escenario poco alentador: ¿Cómo afectará a la supervivencia de las empresas y al empleo? ¿Cuánto tardará en recuperarse la economía? ¿Qué será necesario para reactivar la demanda turística? ¿De qué modo esta pandemia modificará los comportamientos de viaje? ¿Qué secuelas está dejando en las relaciones empresariales? ¿El mundo será el mismo?

Se estima que la recuperación de los viajes y el turismo será escalonada: primero los domésticos, luego los regionales y finalmente los internacionales de media y larga distancia, pues se necesitará bastante tiempo para rescatar la confianza del consumidor.