Recibió Papa Francisco a delegaciones de las Primeras Naciones

El Papa Francisco sostiene durante esta semana una serie de encuentros con dos grupos de representantes de las Primeras Naciones canadienses.

Alrededor de 10 delegados de los Métis y ocho de los Inuit, acompañados por algunos obispos de la Conferencia Episcopal de Canadá se reunieron con el Pontífice en la Santa Sede para dialogar sobre el proceso por la verdad y la reconcialiación que vive hoy el país.

Cada encuentro tiene una duración de cerca de una hora y, por parte del Papa, están caracterizados por el deseo de escuchar y abrir espacio a las historias dolorosas traídas por los sobrevivientes, según trascendió en un comunicado del Vaticano.

Según informó la Sala de Prensa, el sumo pontífice recibe individualmente a las delegaciones de los pueblos indígenas canadienses, acompañados por sus respectivos obispos, para escuchar sus testimonios.

Mientras tanto, el 1 de abril se desarrollará una audiencia con participación de las diferentes delegaciones y la Conferencia Episcopal de Canadá durante la cual intervendrá el Papa.

En el primer encuentro del lunes 28, los representantes canadienses pidieron al Papa Francisco un acceso sin restricciones a los registros de la Iglesia sobre las instituciones en las que se abusó de niños indígenas y se negó su cultura.

Los pueblos indígenas de Canadá y el gobierno canadiense quieren además que el Papa visite Canadá para pedir disculpas allí por el papel de la Iglesia en las escuelas.

La visita de las delegaciones de nativos canadienses se inscribe en el marco del proceso denominado “Indigenous Healing & Reconciliation”, emprendido por la Conferencia Episcopal Canadiense y el Consejo Indígena Católico Canadiense (CICC), destinado sobre todo a sanar el doloroso asunto de las escuelas residenciales, esos institutos iniciados a finales del siglo XIX por el gobierno canadiense y confiados a las Iglesias cristianas locales, incluida la Iglesia católica.

Aproximadamente 150 000  niños indígenas fueron separados de sus padres y obligados a asistir a esos centros educativos.

Se estima que miles de niños murieron a causa de enfermedades contagiosas, a menudo tuberculosis, y un número incalculable fue objeto de abusos mentales, físicos y sexuales. En ocasiones, los muertos fueron enterrados en tumbas sin identificación en las escuelas y las familias indígenas no fueron notificadas del fallecimiento de sus hijos.