Desde hace un par de años, en octubre, se festeja el Mes de la Herencia Latinoamericana a nivel federal, así como en British Columbia. En Ontario y Quebec, se celebra la Herencia Hispana a nivel provincial. ¿Por qué la disparidad en los nombres? Los que encontramos nuestros orígenes en los países al sur de Estados Unidos sabemos que hay una gran diversidad en nuestras comunidades, pero quizás nos sorprende la variedad de palabras que se usan en Norteamérica para referirse a nosotros. Intento, en esta columna, hacer una breve historia de estos nombres.
Dicen que al sur de Estados Unidos no hay latinoamericanos: hay mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños, colombianos, argentinos, chilenos… Cada uno se encuentra dentro de una comunidad definida por una ciudadanía nacional. Muchos de nosotros no adquirimos una conciencia panamericana hasta que salimos de nuestros países y nos cruzamos con otras personas de la región. Cuando estamos fuera del espacio geográfico que nos identificaba, creamos una nueva comunidad imaginada, es decir, buscamos similitudes que nos hermanen a otros. Una comunidad puede crearse a partir de un abanico de valores: por ejemplo, el pasaporte, la religión, la educación.
Los diferentes nombres aluden a los valores que esa comunidad considera importantes para su definición. De esta manera, el término Hispano señala que el español como lenguaje compartido es la característica más sobresaliente del grupo. La historia de esta palabra es curiosa: después de cambios a las leyes migratorias en la década de los 60´s, burócratas en Estados Unidos buscaban una manera de describir a la población que venía del sur de sus fronteras. Cuentan que fue el rey de España quien les sugirió este término, y la palabra se introdujo en documentación oficial en 1978.
La idea de Latinoamérica es anterior. Poco tiempo después de las guerras de independencia contra España, Francia promovió este término como una manera de extender los valores de una nueva comunidad basada en los orígenes lingüísticos de nuestros idiomas. Al impulsar el retorno a la antigüedad romana y poner énfasis en el latín, Francia buscaba incrementar su influencia en las jóvenes naciones americanas presentándose como un guía idóneo hacia la democracia.
Al poco tiempo de que el término Latinoamérica empezó a circular en el continente, México perdió más de la mitad de su territorio en una guerra contra Estados Unidos que culminó en 1848. Los mexicanos que se encontraron de pronto en el otro lado de la frontera sufrieron racismo y discriminación por ser identificados con el lado perdedor. Entonces, adoptaron el término Latinos, una forma abreviada de latinoamericanos, para señalar su pertenencia a una comunidad más amplia, cosmopolita y con alcance global.
Hoy en día, las nuevas generaciones nos presentan las historias de quienes han sido largamente ignorados por los proyectos nacionales: las mujeres, los indígenas, los afrodescendientes y quienes no se identifican con la heterosexualidad tradicional. Junto con este conocimiento, proponen nuevos términos para incluir a quienes reclaman su lugar en la comunidad. Latin@, Latinx y Latine son variaciones del término Latino que buscan eliminar la dualidad masculino/femenino en el español. Y si bien la Real Academia Española rechazó estas acepciones en 2018, eso no enfría el ímpetu de quienes luchan por crear – a través del lenguaje – sociedades más incluyentes y justas en los países de América Latina y entre sus diásporas.
Coordinadora de Licenciatura en el Departamento de Español y Portugués en la Universidad de Toronto.











