Violencia femenina otra cara de la crisis sanitaria en Panamá

Desde las redes sociales, noticias y frías estadísticas cobra fuerza el feminicidio, un fenómeno de vieja data en Panamá acrecentado en medio de la pandemia de Covid-19, al igual que el desempleo y la desigualdad.

Los prolongados confinamientos para contrarrestar el avance de la enfermedad obligaron a las víctimas a convivir con sus agresores sin certeza del castigo, pues la justicia también estuvo en pausa durante varios meses.

Tal vez por eso la secretaria ejecutiva del Consejo Consultivo de Género y del Observatorio Panameño contra la Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo, Nancy Quintero, vea con zozobra el número de muertes violentas contra las mujeres durante los dos primeros meses del actual año.

‘Estamos muy preocupados por la cantidad de femicidios a inicios del 2021, somos conscientes que el año 2020 fue un año difícil a nivel nacional e internacional, sin embargo, consideramos que producto del aislamiento por la cuarentena, las víctimas de agresión o violencia en sus hogares no han podido presentar sus quejas’, indica Quintero en un comunicado.

Según cifras oficiales, hasta la fecha se reportan seis femicidios, por lo cual agrupaciones feministas propusieron crear un plan estratégico nacional contra este delito, que el pasado año registró 31, la cifra más alta en el país durante los últimos seis años.

Pero ese dato es solamente la punta del iceberg, pues detrás subyacen cerca de 20 mil denuncias de maltrato en el hogar presentadas cada año en Panamá, a las cuales debemos prestar atención, porque en ellas anida el origen de este flagelo, según la socióloga Eusebia Solis.

A juicio de la experta, el incremento de los casos es una consecuencia del abandono institucional y social de las mujeres, quienes viven en la incertidumbre ante la amenaza creciente de la violencia doméstica y machista.

De acuerdo con Telemetro Reporta, el 30 por ciento de los femicidios ocurridos en 2020 fueron contra niñas de cero a nueve años y adolescentes, mientras la comarca Ngäbe Buglé y las provincias de Colón, Panamá y Panamá Oeste registraron el mayor número.

Sin embargo, la violencia en el hogar no es la única que sufren ellas en la nación centroamericana, sino también la sexual, cuyas denuncias en la mayoría de los casos ocurren en niñas y adolescentes, agregó Solis.

La miembro del colectivo Espacio de Encuentro de Mujeres resaltó que hay una gran población infantil víctima de la violación doblemente agravada, de la cual se habla muy poco, pero al finalizar el año son unos 300 casos denunciados en Panamá.

Por ello es necesario enseñarles a nuestros hijos que no es normal que toquen y agredan nuestros cuerpos o nos insulten, porque al final las mujeres sufrirán del síndrome de la indefensión, en la cual ellas son las responsables del maltrato que sufren, afirmó la directora del Instituto Nacional de Salud Mental, Juana Herrera.

‘Estamos en un país muy desigual, tenemos una cultura machista, sobre todo en el ámbito de la política, y a las mujeres nos exigen otros roles’, situación que la pandemia agravó, dijo la diputada Walkiria Chandler al reflexionar sobre el tema.

Un reciente estudio del Centro de Investigaciones Científicas de las Ciencias Sociales de la Universidad Santa María La Antigua reflejó que el 71 por ciento de los 115 feminicidios ocurridos en Panamá de enero de 2014 a diciembre de 2018 ocurrieron en el hogar y el resto en lugares públicos y apartados.

También reveló que la mayoría de las víctimas -blancas y afrodescendientes de 18 a 35 años- vivían con su pareja, al tiempo que las armas blancas y de fuego figuran entre las más usadas para cometer los asesinatos.

Por otra parte, el vacío legal impuesto por la Covid-19 tras las medidas de restricciones y cierres no solo dejó desamparada a las víctimas de la violencia, sino también a embarazadas con contratos suspendidos, trabajadoras informales o desempleadas.

Ante esta realidad, no es casual que muchas mujeres panameñas se sientan invisibles en medio de una situación que le reserva la peor parte de la crisis económica y social que padece el país, a pesar de ser el rostro más visible en la atención a los enfermos, la familia y de la educación a distancia de los hijos.