Un arqueólogo, el Covid-19 y nuestro futuro

Eudald Carbonell Roura – entrevista de Ferrán Espada (fragmentos) (*)

La arqueología es la ciencia que estudia las sociedades antiguas a través de testimonios no escritos, es decir aquello que se puede rastrear de ellas a través de objetos (restos óseos de personas o de los animales que consumían, semillas y polen de las plantas que constituían su entorno, herramientos o armas, cerámica, adornos, arte, etc.).
Entre las cosas que la arqueología puede aportarnos está por supuesto, el conocimiento de qué enfermedades enfrentaban aquellos grupos humanos y cómo lo hacían. Pero también (y esto no siempre es valorado debidamente) la arqueología nos aporta una idea de los futuros a los que cada sociedad, sin tener plena conciencia de ello, se encaminó ante cada crisis.
Por eso, esta entrevista realizada para público.es por el perididsta y analista político Ferrán Espada tiene un interés particular y con ella iniciamos una serie de notas que estarán enfocadas en pensar el futuro de las sociedades humanas post-Covid-19.


¿La pandemia de la covid-19 era inevitable o es responsabilidad de los humanos?

Es absolutamente responsabilidad de los humanos porque no hemos sido capaces de tener un protocolo universal ante una pandemia como esta. Estos protocolos universales hace años que deberían estar hechos ante la aparición de otras epidemias.

¿Cómo deberían ser estos protocolos? ¿Quién los debe establecer?

Deberían ser unos protocolos de estricto cumplimiento como especie, independientemente del país al que se pertenezca o de cualquier otro criterio. Y que deben estar guiados evidentemente por los epidemiólogos y virólogos. Por la gente que tiene capacidad de saber exactamente el tipo de funcionamiento biológico de estas moléculas. Y esto no se ha hecho. Es curioso que muchos de estos científicos han recibido más dinero en 48 horas que en toda su vida investigando.
La organización social y política de la humanidad en forma de estados con sociedades que pugnan entre ellas ¿es lo que impide actuar como especie de forma solidaria y aplicar estos protocolos?

Sí. Lo hemos visto con lo que ha pasado ahora en una Unión Europea con pies de barro. No creada para la solidaridad sino para organizar cómo las clases extractivas se llevan el dinero de la gente por la vía de los impuestos. Con unas elites que se aprovechan de los estados para el robo y el drenaje continuado del dinero de la gente, en vez de mejorar las condiciones sociales. Por eso cuando ha habido problemas desaparece la Unión Europea y los estados se vuelven fortalezas.

Pandemias ha habido siempre, como la peste durante la Edad Media. ¿En sus yacimientos arqueológicos hay indicios de epidemias en la prehistoria también?

Por supuesto. Las pandemias han existido siempre. Pero hay que tener presente que las pandemias funcionan a partir de las cargas demográficas. No es lo mismo cuando esto afectaba a 200 o a 1.000 personas de un territorio hasta que todos morían y no quedaba ningún huésped del virus que pudiera continuar el contagio. A muchos kilómetros de distancia, el resto de los seres humanos ni se enteraban ni se contagiaban. Ahora, en un mundo globalizado los huéspedes, que somos nosotros, se multiplican y se comunican exponencialmente.

¿La globalización es el problema entonces?

El problema es que la hemos hecho mal. Es una globalización con pies de barro. No es una globalización social sino una globalización dirigida por clases extractivas y esto hace que se tienda a la uniformización del planeta cuando lo que habría que hacer es mantener la diversidad y ser capaces de integrarla. Es decir que deberíamos ser capaces de crear un consenso y que las diversas conductas y culturas humanas pudieran aportar a la nueva síntesis todo lo que sabemos y no perder memoria. Es decir, la planetización.
Habría que parar esta globalización, que es lo peor que estamos haciendo, y generar una conciencia crítica de especie en la educación y la formación, que socialice la revolución científico-tecnológica y que incremente la sociabilidad de los grupos.

Usted ha dedicado buena parte de su trabajo como pensador a esta conciencia crítica. Lo empieza a plantear en ‘Planeta humano’ y lo desarrolla en otros libros como ‘La conciencia que quema’ o ‘El nacimiento de una nueva conciencia’. ¿Qué quiere decir?

Que los humanos debemos evolucionar hacia una conciencia operativa. No solo una conciencia abstracta. Porque la conciencia es la fusión de la inteligencia con la organización social de nuestra especie.

¿Y la adquiriremos?

Este es el problema. Que si no la adquirimos, con los crecimientos exponenciales convergentes que tiene la especie, vamos hacia el caos.

¿Y qué conllevaría en la práctica el cambio que propugna?

Romper con las jerarquías, conseguir unos sistemas de cooperación y de organización mucho más horizontales y de consenso que integren todas las formas de pensar que hay en el planeta con el objetivo de sacar siempre las mejores consecuencias.
Esto ya ha pasado en nuestras culturas que se han adaptado al clima, a los crecimientos demográficos y a muchas otras cosas. Por lo tanto, hay una rica fuente de experiencia que hace que si sabemos dónde queremos ir, la podemos utilizar para generar las condiciones nuevas de nuestra especie.

Entonces, ¿qué pasará después de esta pandemia?

Después de esto, lo que pasará es que la gente dentro de un tiempo no se acordará.
A no ser que se empiece a plantear lo que hace años decimos quienes estamos propugnando que desarrollomos una conciencia crítica de especie. De lo contrario, lo que pasará es que a la próxima muy probablemente la especie colapsará.

¿La especie colapsará?

De hecho, ya hace tiempo que estamos colapsando, aunque la gente no se quiere dar cuenta.
Hace tiempo que estamos en el horizonte de acontecimientos de colapso.

Los epidemiólogos y los virólogos ya hablan de que los episodios de ataque de estas moléculas son secuenciales y crecientemente exponenciales. Esto forma parte de la defensa de la propia estructura biológica cuando hay recargas demográficas y las interacciones intensas que esa recarga demográfica suponen. Tenemos concentraciones de 20, 30 y 40 millones de personas en metrópolis que son focos de crecimiento y de complejidad muy importantes pero también implican sobrecargas demográficas que facilitan que los huéspedes de los virus (nosotros) somos más vulnerables.

Además, aunque los humanos no somos los únicos responsables del cambio climático, hemos contribuido a su aceleración y el cambio climático también interacciona con los hechos epidémicos. Todo ello conllevará cambios sociales muy importantes.
¿Qué cambios?

Este sistema que estamos viviendo en la Tierra, este capitalismo viejo, caduco y acabado está demostrando ser incapaz de solucionar los problemas que genera.
La socialización del capitalismo ya supuso 200 millones de muertos con las dos guerras mundiales. Por lo tanto, vamos hacia un nuevo sistema que o llegará de forma natural, lo que sería un desastre, o de forma lógica, que es como debería llegar. Si no se hace esto, lo que estamos haciendo es acelerar el colapso de la especie humana. Y es muy probable que ocurra. Si esto coge inercia y genera sinergia vamos realmente hacia un embudo evolutivo.

Entonces, ¿tiene sentido tiene que se tomen medidas para hacer frente a los efectos de la pandemia, pero sólo a la espera de que acabe y volver a rehacer la situación anterior?

Es un error, porque esta es una oportunidad para cambiar el sistema. El problema es encontrar quién se atreverá a cambiarlo. ¿Qué parte de la especie será capaz de dar la vuelta al sistema? Yo no la conozco. Esta sería la mejor ocasión porque ahora el mundo está en paro técnico y en esta situación es cuando se pueden tomar medidas fuertes.

¿La covid-19 es un aviso de este colapso?

Sí. Nos ha puesto ante el espejo de nuestra deslealtad con nuestra propia especie. La covid-19 está desestructurando un sistema que ya tenía muy poca estabilidad y mucho desequilibrio. Con consecuencias sociales y económicas evidentes.
Todavía tenemos recursos para la supervivencia, pero si se produce con otras condiciones, en contextos de mayor desigualdad y mayor escasez, las revueltas sociales y graves problemas que aparecerían en el planeta llevarían a una situación de gran confrontación de clases, étnicas, y de todo tipo.
En el marco de las posibilidades, cualquier escenario es posible y esto quiere decir que es el último aviso. Los sistemas hasta ahora siempre han cambiado de forma natural. La única vez que los seres humanos han intentado cambiar un sistema social a partir de una estructuración filosófica fue la revolución socialista, y no funcionó porque los humanos quizás no estamos preparados para este tipo de pensamientos tan evolucionados.
Al margen de ese intento, los sistemas económicos han funcionado siempre solos. El capitalismo no lo hizo nadie. Es de ignorantes hablar de refundación del capitalismo porque no lo fundó nadie. Ahora tenemos otra oportunidad para refundar el sistema desde la lógica y no desde el azar. Si no lo hacemos, será el propio desequilibrio el que generará un sistema nuevo.

¿La especie humana es la única autodestructiva del planeta?

Eso es muy difícil de saber. La especie humana, el Homo Sapiens, después de 400.000 años de evolución, es la única que tiene una conciencia global de especie. La tiene aunque no la utilice para mejorar sus condiciones de vida porque sigue teniendo comportamientos jerárquicos de animal. Porque somos animales sociales jerárquicos y gregarios.
Pero ninguna otra especie animal tiene el grado de conciencia como especie que tenemos nosotros. Desde esta perspectiva somos una especie (al menos por ahora) única y singular. Hace algunos cientos de miles de años probablemente todavía no la teníamos, pero desde hace algunos miles de años sí tenemos esa conciencia de especie. Ahora hace falta que esa conciencia se vuelva crítica y esto supone un salto evolutivo muy importante, que no sabemos si podremos dar. No tenemos la eternidad para resolver los problemas que hemos creado.


Eudald Carbonell Roura es un arqueólogo español de prestigio y proyección internacional, catedrático de la Universitat Rovira i Virgili e investigador del Institut Catalá de Paleoecologia Humana y Evolució Social, un instituto que investiga, en todo el mundo, el origen de las primeras poblaciones humanas y la evolución de nuestra especie.

Ferrán Espada – Periodista y analista político en Público.es y Catalunya Radio.