El sello latino en la dinastía parisina: los campeones que llevaron a Sudamérica a la cima de Budapest

Budapest resultó el escenario de una nueva conquista europea del PSG, pero también de la huella indeleble que dejó su columna vertebral latinoamericana.

En medio del éxtasis por la segunda Champions consecutiva, cuatro nombres de raíz sudamericana alzaron la copa con el orgullo de quien resiste las tempestades: los brasileños Marquinhos, Lucas Beraldo y Renato Marin; y el ecuatoriano William Pacho.

Para el capitán Marquinhos, esta corona tuvo un sabor a redención íntima. La final empezó torcida para él: un despeje desgraciado que rebotó en Trossard y terminó en el fusilamiento de Havertz a los cinco minutos.

El error habría hundido a cualquiera. Pero el brasileño, histórico guardián del área parisina, emergió del abismo. Lideró la resistencia defensiva con el temple que solo otorgan trece años defendiendo ese escudo.

Sustituido en la prórroga por agotamiento físico, su figura se agigantó cuando alzó la Orejona con el gafete de capitán en su brazo.

A su lado, William Pacho firmó una actuación de madurez impropia para ser su primera final continental.

El ecuatoriano, titular en el eje de la zaga, se multiplicó para contener las oleadas del Arsenal, especialmente cuando el partido se rompió.

Su solidez y capacidad de anticipación sostuvieron al PSG para que no se desangrara tras el golpe tempranero. Pacho encarna el recambio generacional que garantiza el futuro de la defensa parisina.

Desde el banquillo, Beraldo aportó el oxígeno necesario en una prórroga de piernas pesadas. Ingresó en el minuto 105 para mantener el orden defensivo y no se arrugó ante la responsabilidad. Su participación, aunque breve, garantizó que el partido llegara a la tanda definitiva.

En la retaguardia del plantel también celebró el paulista Renato Marin. El portero, aunque sin minutos en la final, integró el grupo que conquistó Europa y a sus 19 años se erige como la apuesta a futuro del conjunto francés.

Su presencia amplifica el latido sudamericano de un PSG que, más allá de sus estrellas francesas, se construye con carácter, coraje y un corazón que late en portugués y español.

Raúl Hernández Lima
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