¿Por qué las elecciones del domingo son las más importantes?

Por vez primera oficialismo y oposición en México, y comentaristas de toda laya, coinciden de manera unánime en que las elecciones intermedias del próximo domingo 6 de junio, son las más importantes en la historia comicial de este país.

Todos tienen razón en darles ese calificativo por el simple expediente de que ellas van a significar un inevitable reacomodo de fuerzas políticas en un país inmensamente rico, pero de grandes y complicados déficits en torno a la propiedad y la distribución de la riqueza, algo que está en el centro del origen de la violencia social y criminal y que no todos aprecian o aceptan.

México tiene 60 millones de pobres de sus 127 millones de habitantes, es el país de más bajos salarios en el Grupo de los 20 e incluso en cuanto al ingreso familiar promedio se compara con las naciones más débiles del continente. Está entre los primeros en el mundo de peor distribución de la riqueza y mayor concentración de esta en unas pocas manos.

Pese a sus enormes rascacielos, su industria de la construcción y su gigantesco potencial productivo, figura entre los países que tienen más cantidad de personas sin habitación viviendo en las calles.

A pesar de ese panorama tan contrastante con los multimillonarios ingresos anuales totales -entre los más grandes de la región- ninguno de los partidos principales en liza, usó su campaña proselitista para trasladar a los electores -cuya gran masa está precisamente en esos 60 millones de pobres- programas de gobierno que los alentaran a votar por uno u otro candidato.

Todos los partidos, el Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), Revolucionario Democrático (PRD) e incluso los más pequeños, gastaron toda su pólvora en la descalificación y la diatriba, en lugar de dar esperanzas de una solución a los graves problemas sociales hasta ahora insolubles de este país.

De ese panorama ni siquiera se excluye al oficialista Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ni a los dos o tres partidos menos fuertes que los acompañan en la coalición parlamentaria, una agrupación que llega a las elecciones, además, bastante dañada por las divisiones internas.

Entre los propios militantes de la coalición se comenta que si las alianzas de la oposición logran destronar a Morena de la mayoría absoluta de la cual goza en la Cámara de Diputados, no es porque la hayan ganado, sino porque los morenistas la perdieron.

Traducido a un lenguaje real, para muchos especialistas esta imagen significa que los partidos de oposición están tan mellados en su credibilidad, tan corroídos por la corrupción, y con tal ausencia de liderato, que en condiciones normales y de unidad morenista, carecen de toda posibilidad de victoria en todos los niveles en los que se disputan los 21 mil cargos públicos el domingo.

Aún así, el descalabro moral del PRI, PAN y PRD es tan mayúsculo, y tan importante la falta de iniciativas para recuperarse, que los pronósticos indican que los tres serán desbancados de al menos ocho de las 13 gobernaciones que están bajo su poder, pues de las 15 en liza solo dos están en manos de Morena.

Los pronósticos de la elección de diputados federales, la joya de la Corona, ni siquiera se dan a conocer por la gran complejidad del proceso, pues 200 de los 500 escaños ya están concedidos a los denominados candidatos plurinacionales, y 300 serán escogidos en las urnas.

Los dos bandos, oficialistas y oposición, se han concentrado en esta batalla por San Lázaro, como se le conoce por ser el nombre de la barriada donde está enclavado el hemiciclo, lo cual no es bueno para ellos, en particular para el PRI y el PAN, pues queda claro que la lucha es más por dominar el presupuesto nacional que allí se aprueba, que por lograr desde las bancadas enderezar al país con la promulgación de leyes beneficiosas para la gente.

En ese sentido la ventaja la lleva Morena pues tiene a su favor una obra ya en marcha que todos conocen como son los programas sociales, de bienestar y desarrollo y las grandes obras en ejecución que dan cientos de miles de empleos, mientras que el PRI y el PAN están en cero y lo único que ha dicho en su “beneficio” que si ganan mantendrán los programas sociales de López Obrador.

La gran pregunta es: ¿qué pasará en el país tras las elecciones?, ¿cómo será la nueva correlación de fuerzas? ¿qué sucederá a la actual dirigencia de la oposición de perderlas? Tanto esas preguntas, como sus respuestas, explican por qué estas son las elecciones más importantes en la historia comicial de México.