Francia Márquez es candidata a la vicepresidencia de Colombia por el partido Pacto Histórico liderado por Gustavo Petro. Es abogada y activista medioambiental, por cuyo trabajo recibió en 2018 el Premio Goldman, también conocido como el Nobel del medio ambiente. Por años ha trabajado en la defensa de los derechos humanos y el bienestar de las comunidades afrocolombianas, es feminista, y víctima de la violencia. Su perfil y sus orígenes humildes distan del escenario político colombiano caracterizado por la participación de hombres blancos de la élite nacional. En las consultas del 13 de marzo obtuvo 783,160 votos, convirtiéndose en la tercera precandidata más votada incluso por encima de políticos tradicionales. Esto, sumado a su popularidad en redes y entre los jóvenes, la han convertido en un verdadero fenómeno político en Colombia, y en objeto de amenazas de muerte. Claramente, hacer política de oposición en el país nunca ha sido fácil, y menos si se es mujer, negra, pobre, y feminista.

Independientemente del resultado de las próximas elecciones presidenciales, o de su futuro político, el fenómeno Francia Márquez marca hoy un hito en la historia política del país y envía un mensaje claro a las nuevas generaciones sobre la importancia de la inclusión política, social, y económica. Su discurso se ha dirigido a las poblaciones más pobres, a “los nadies” expresión tomada del poema de Eduardo Galeano del mismo nombre: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos / Que no son, aunque sean / Que no hablan idiomas, sino dialectos / Que no hacen arte, sino artesanía / Que no practican cultura, sino folklore / Que no son seres humanos, sino recursos humanos. / Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. / Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

No sorprende entonces que muchas personas se identifiquen con sus palabras. En particular, en el marco de uno de un gobierno impopular, cuyo desprecio por el Acuerdo de Paz se observa en la limitada implementación del mismo y el recrudecimiento de la violencia.

El discurso y ascenso político de Márquez ha puesto también en evidencia el racismo y el clasismo sistémicos en Colombia expresados a través de burlas, frases despectivas y amenazas. Muchas de estos ataques provienen de las clases políticas tradicionales que, como en otros países, incluso niegan la existencia del racismo. Recientemente, políticos, figuras públicas e incluso académicos han señalado que tienen a un amigo, han estudiado, trabajado o apoyado a jugadores de fútbol afrodescendientes, por lo tanto, el racismo no existe. En Colombia, como en muchos países la diversidad de su población se describe en la promoción turística del país, se exalta en el Día de la Raza, pero no se visibiliza en otras esferas. Históricamente, la participación de afrodescendientes en cargos políticos es mínima. Adicionalmente, de acuerdo al Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en Colombia, el 19.3% de los 50.8 millones de habitantes se reconoce como afrodescendiente y de estos, 30% vive en condiciones de pobreza. 

Las discusiones también evidencian además el clasismo de muchos segmentos de la sociedad colombiana. Como Márquez lo ha expresado, lo que le molesta a muchas personas es “que una mujer que podría ser su empleada doméstica, tenga la posibilidad de ser vicepresidenta del país”. Las brechas existentes entre grupos poblacionales y regiones son significativas, se manifiestan en diversos escenarios, y son resultado de múltiples fenómenos históricos y culturales. Colombia es, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, el segundo país más desigual en términos de ingreso en América Latina, sólo después de Brasil. Si bien Colombia es desde 2016 miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dista mucho de las características de los países miembros de este grupo. Un ejemplo de ello son las cifras presentadas por esa organización en 2018 donde se identifica el número de generaciones necesarias para que aquellas personas nacidas en familias de bajos ingresos alcancen el ingreso promedio de su país. En el caso de Dinamarca, la cifra es de dos generaciones, el promedio de los países de la OCDE, 4.5 generaciones, en Colombia, 11 generaciones. Estas cifras evidencian la ausencia de movilidad social y brindan insumos para entender las tensiones y problemáticas económicas, sociales y políticas de este fenómeno al que se le han sumado los efectos de la pandemia de Covid-19. 

¿Cómo fortalecer su discurso? 

Más allá del cálculo electoral de temporada, Francia Márquez enfrenta en esta campaña y en el mediano plazo diversos retos a la hora de fortalecer y avanzar su discurso. Algunos de estos retos se relacionan directamente con su narrativa contestataria y, en el contexto colombiano, disruptiva. Por ejemplo, deberá desafiar los estereotipos reduccionistas que se han generado alrededor de su imagen y su posición política. En particular, atacar narrativas erróneas y peligrosas sobre cómo en Colombia pertenecer a la izquierda es equivalente a apoyar a las guerrillas, o que señalar las desigualdades existentes en el país y la necesidad de abordarlas no es resentimiento social o querer “todo regalado”. En este frente es necesario abordar estrategias sociales y económicas integrales que promuevan un desarrollo sostenible. 

En específico, un elemento que no ha sido abordado por Márquez y en el que se podría apoyar para la materialización de muchos de sus planteamientos, es el rol de la política exterior del país como una herramienta fundamental para el logro de los objetivos nacionales. Ello es particularmente relevante siendo que muchos de sus planteamientos y propuestas están directamente relacionados con la agenda internacional, lo que facilitaría obtener apoyo estratégico y avanzar una agenda  internacional feminista y verde. Por ejemplo, en 1) protección del medio ambiente, reducción de emisiones, energías limpias asequibles, así como la mitigación de los efectos del cambio climático; 2) derechos humanos, un frente en el que Colombia retrocedió significativamente y por el cual el país ha sido señalado en distintas organizaciones multilaterales; 3) inversión doméstica y extranjera, fundamentales para incentivar la actividad industrial y el ambiente de negocios; 4) relación con los Estados Unidos, luego de los desaciertos del gobierno de Iván Duque; y 5) fortalecer relaciones con países de la región y avanzar iniciativas de cooperación sur-sur. 

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