K-Pop y activismo digital en Chile y Colombia

En los últimos años la ola coreana conocida como hallyu ha ganado importancia en Latinoamérica. Esta ola hace referencia a la creciente popularidad de la cultura coreana en el mundo e incluye series de televisión, películas, gastronomía, videojuegos, rutinas de belleza, y otros productos culturales.

El hallyu es un fenómeno económico, social, y cultural a la vez de una estrategia gubernamental coreana para proyectar su cultura a escala global. En Latinoamérica, este fenómeno se ha manifestado también en formas de activismo digital por seguidores de la industria musical o K-Popers tal como lo vimos durante el estallido social en Chile en 2019 y el Paro Nacional en Colombia en 2021.

¿Cómo ganó visibilidad el ciberactivismo K-Poper en la región?

Durante las protestas en estos países, algunas instituciones gubernamentales y grupos oficialistas utilizaron las redes sociales para condenar a los manifestantes utilizando etiquetas (hashtags).

 Fue en este marco que grupos de K-Popers iniciaron campañas para “bajar” y “capturar” las etiquetas que en su opinión presentaban discursos de odio o justificaban el uso de la fuerza.

De forma tal que cuando alguien consultaba una de estas etiquetas se encontraba con cientos de fan cams, es decir, videos de grupos y artistas coreanos grabados por los fans en conciertos y otras presentaciones, así como memes e imágenes de este tipo.

 Fue entonces que desde la academia se sugirió que el activismo K-Poper era una forma de democratizar la política y generar participación de audiencias tradicionalmente desconectadas de la política. Bajar estas etiquetas afines al oficialismo se logró gracias a  estrategias de colaboración entre los fans, ya no sólo de Chile y Colombia, sino de todo el mundo que claramente saben cómo generar y posicionar tendencias en Twitter. 

Twitter oficial de BTS

¿Por qué hablamos de ciberactivismo?

En los últimos años muchas de nuestras actividades cotidianas se han mudado a espacios digitales, sobre todo ahora en el marco de la pandemia. De manera similar lo han hecho también actividades de la vida política que incluyen manifestaciones y protestas en redes sociales.

El ciberactivismo en general podría concebirse como una nueva fuerza política. En el caso de los K-Popers hay un énfasis claro en evitar la difusión de discursos de odio de naturaleza racista, misógina, xenófoba y de incitación a la violencia. Estos grupos, sin embargo, se mantienen alejados de la política formal, lo que les permite conectarse de forma transversal por encima de  las diferencias socioeconómicas y culturales que existan entre ellos. 

El activismo alrededor de las etiquetas ha creado un movimiento discursivo basado en frases y palabras que construye narrativas digitales.

¿Cómo fueron entendidas estas prácticas en Chile y Colombia?

Claramente hay un enorme desconocimiento y falta de interés frente a estos temas por parte de medios de comunicación tradicionales, políticos, y figuras públicas tanto en Chile como en Colombia.

 Esto genera situaciones bochornosas y lamentables que terminan siendo objeto de burlas y críticas. Por ejemplo, cuando agentes estatales chilenos identificaron que cuentas de Twitter fuera del país estaban apoyando tendencias, se dijo que Corea estaba interviniendo en los asuntos internos del país. En Colombia, donde las etiquetas fueron capturadas con videos e imágenes del grupo BTS cuyos fans se autodenominan Army, se dijo que un “ejército” de coreanos apoyaba el Paro.

¿Qué debemos entender sobre el K-Pop y el ciberactivismo?

Para entender estas nuevas dinámicas políticas es esencial reconocer las brechas generacionales existentes y las formas en que distintos grupos entienden la democracia y el ejercicio de los derechos políticos. 

En el caso del activismo K-Poper, es necesario dejar de ridiculizar y homogeneizar a quienes toman parte de él. Con esto me refiero a que los seguidores del hallyu en general y el K-Pop en particular no son sólo personas provenientes de Corea ni se trata exclusivamente de adolescentes.

 En el hallyu encontramos grupos muy diversos en términos de género, edad, ingresos, ideología, etc. Por tanto, sus expresiones de participación política van a variar de acuerdo a los contextos e intereses locales. Lo que es más, por la naturaleza heterogénea de estos grupos, no tienen líderes visibles. Suponer que es posible entablar un diálogo con el líder del movimiento como ocurrió en Colombia es una muestra de desconocimiento total.

¿Qué podemos esperar?

El activismo digital es cada vez más relevante en el quehacer político actual y sus acciones trascienden las fronteras del ciberespacio. El K-Pop es un ejemplo pero es muy probable que en los próximos años veremos movimientos similares ya que las herramientas básicas para avanzarlas están al alcance de todos. Son muchos los elementos que deben ser considerados por los gobiernos y la sociedad civil en general para conocer la verdadera dimensión de estos fenómenos.