El país de las sonrisas

El crepúsculo finalmente cesa, inundando la vida de un cruel fin, de desorientación y nostalgia, de terror e incertidumbre. El sol se apaga a la par de los sueños, las metas, las tristezas y las alegrías, se desintegra como aquellos ojos sin vida, vidriosos, que se despiden de todo lo que los hizo ser. Se quiebra la luz, tal como lo hacen las rodillas con su último paso,  cuando caen fuertemente contra el suelo sacudiendo el insoportable peso de una muerte venidera, gritando en forma de una última plegaria de misericordia. El sonido del cañón se sincroniza con el deslizamiento de las frías lágrimas que despiden las metas en falso que soñaba entre sonrisas la ahora desesperada y aterrorizada cara pálida de un joven sin posibilidades. El diablo sonríe al disparar, siente euforia y orgullo, pues ahora, otra muerte inocente será cobrada en nombre de la seguridad, aquella que solo aplica a ciertas clases, ciertas etnias y ciertos ideales.

Sobre la cordillera donde se avistaba el cóndor, caminan ahora asesinos con hambre de sangre vestidos de verde con botas. Por las playas donde se agitaban faldas blancas al sonar de la marimba, ahora se corre compitiendo contra la velocidad y precisión de las balas. Se cambian las recolectas de café por comunales llantos de familias incompletas, y se inundan de terror las colinas de papa y poncho, donde se derrotó siglos antes a un tirano de diferente provenir.

Cada bala habla, impone, aterroriza. Cada gota de sangre se esparce en el suelo como el odio de un país que sueña con la paz. Los jóvenes abandonados preguntan por oportunidades y pero con silencio les responden que su vida será solo para servir a las armas. Los jóvenes piden ser escuchados, pero los callan gritandoles terroristas.

Se despierta un campesino en medio de las grandiosas montañas, para dormirse de nuevo bajo el propósito de despistar el hambre causada por dirigentes inhumanos que abandonan a su pueblo. Ya no se siembran yucas, sino minas antipersonas. En los ríos ya no nadan los peces, sino vidas mutiladas del futuro de la patria.  En el país de las sonrisas de resistencia, ahora lloran los guaduales.