El español en Canadá, una ola que crece

El diccionario define el lenguaje como un conjunto de palabras y los sistemas que a ellas aplicamos, tales como gramática y ortografía, a fin de comunicarnos unos con otros.

Un lenguaje incluye la palabra escrita y hablada, así como los signos que lo representan, y tanto en Canadá como en el mundo, el nuestro, el español, sigue cobrando fuerza: ¡más de quinientos millones de personas lo hablamos! El número es ciertamente impresionante, y como comunidad debemos sentirnos orgullosos del magnetismo innegable de nuestra cultura.

Alrededor del planeta gozamos de tremenda fama: nos definen nuestra calidez, nuestra capacidad de entablar lazos y nuestra alegría. La belleza y musicalidad de nuestra lengua convertida en canciones y bailes son contagiosas. Por eso, este 23 de abril festejamos nuestra raíz más importante, nuestra lengua madre –que se llama así porque es la que nos enseña a entender el mundo— por todo lo alto.

En Toronto, el español está entre las lenguas más habladas, junto con el mandarín, el cantonés, el tagalog y el tamil, y poco a poco los hispanohablantes vamos ocupando más y mejores puestos de trabajo en nuestra ciudad y país de adopción. Y con las oportunidades vienen siempre las responsabilidades, que en nuestro caso incluyen no solamente demostrar día a día nuestra seriedad profesional y capacidad de liderazgo, sino inculcar en nuestros jóvenes la importancia del bilingüismo, y procurar que hablen y escriban en español con tanta fluidez como en inglés (o casi). Esto les abrirá un mayor número de puertas y cimentarán un futuro más sólido para sí mismos y para nuestra comunidad entera, pero para conseguirlo no basta con mirar series y películas en español. Es imperativo leer también.

El 23 de abril es Día Internacional del Libro, ¿y qué mejor forma de festejar doble que leyendo en español? El sistema de bibliotecas públicas de Toronto tiene en su colección muchos libros en nuestro idioma que se pueden disfrutar gratuitamente.

Recordemos que el español en Canadá es una ola que crece con la fuerza de nuestro propio impulso.  Y no hay mejor combustible para alimentar este impulso que regresar al abrazo de esa madre generosa que nos acompaña siempre, en nuestro acento y en nuestros sueños: nuestra hermosa lengua.

Martha Bátiz
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