Conoce a tu hijo(a) adolescente

Una de las partes más fundantes que nos hace ser seres humanos es la conexión con los otros. Al parecer, cuando nuestros hijos crecen y se convierten en adolescentes, nuestra conexión con ellos decrece, pero no, simplemente se están diferenciando de nosotros y están empezando a crear su camino en la vida, nuestra relación con ellos se transforma en ser mejores escuchas, en preguntar con curiosidad acerca de, qué les importa, qué los hace sentir bien y cuál sería la mejor manera de apoyarlos.

¿Cuándo hay una disonancia en la relación con ellos? Cuando queremos imponerles nuestras expectativas y que muchas de las veces nuestros planes no serán sus planes, así tengamos “buenas razones” para ello, ya que no se trata de tener la razón sino de reconocer y respetar lo que para nuestros hijos es significativo.

La vida es un proceso de autoconocimiento y qué mejor conectarnos desde el placer por estar en ella. Algo que contribuye a ello es enseñarles a nuestros hijos que somos capaces de resolver nuestros propios problemas, y que aunque tengamos problemas no estamos encontrando culpables para justificar nuestra falta de responsabilidad, que vean que nos hacemos cargo de las consecuencias de nuestras decisiones. Más vale hablar con el ejemplo que con palabras ya que los podemos agotar con nuestros discursos que, si no se apoya en nuestras acciones, el mensaje que van a recibir será aún más confuso y perderemos su confianza.

Pasar tiempo con nuestros hijos, comprendiendo sus cambios físicos y emocionales, alegrarnos de sus logros, dejar de criticar sus gustos, hacerles sentir, en una palabra, que son “valiosos” y que estamos orgullosos de contribuir a su crecimiento sin juzgarlos.

De esta manera, estaríamos ayudando a formar adultos que van a tomar decisiones siempre pensando en su bienestar que a la vez repercutirá en un bienestar común para los que en otras etapas de su vida compartirán con ellos.

Recuerden que uno de los retos que tenemos los padres es conservar el buen ánimo cuando interactuemos con nuestros hijos adolescentes. No importa si no estamos de acuerdo con ellos, eso da muestra de nuestra madurez y de la importancia que tiene para nosotros respetarles.

(*) Consejera en Psicología.