La violencia como experiencia de transformación

Cuando pienso en la especie humana, no dejo de sorprenderme de la capacidad que tenemos para transformar el dolor en sabiduría.

La violencia que podemos llegar a vivir o que experimentamos en nuestra casa por parte de algún familiar, en el trabajo, ya sea por un jefe o compañero, en la calle, por un desconocido, en las instituciones, por prestadores de servicios,  etc., se basa en la creencia de que alguien debe someterse, es inferior,  no sabe,  o que nos pertenece y por lo tanto estamos hablando que en todas sus formas, se trata de un abuso de poder.

Aceptamos el sometimiento porque hay estereotipos introyectados por la cultura y el sistema económico-político que nos dice, que algunos son mejores que otros, quién debe tener más privilegios, y a qué roles de género apegarnos.

¿Cuándo podemos dejar de recibir violencia? Hay dos formas, o estamos en un peligro inminente y nos duele tanto que huimos, o a través de reflexionar sobre lo que nos está sucediendo, del voltear a ver nuestra existencia, de replantearnos la calidad de vida que deseamos tener. Cuestionar sobre la injusticia y las creencias que la sostienen. En ambos casos es un acto de supervivencia y hay que saber que nuestro cuerpo siempre tenderá naturalmente a protegerse, a vivir.

Cuando padecemos violencia es inevitable no caer en estados de tristeza, pero es justo la tristeza que nos hace reflexionar a profundidad y da el impulso para transformar nuestras circunstancias, tomar decisiones distintas y abrirnos a pedir ayuda si así se requiere.

A veces con cambiar una creencia que ha coadyuvado para estar en una situación de sometimiento, puede cambiar nuestra vida profundamente.

La violencia se nutre del silencio y del aislamiento, así que son dos cosas que hay que revertir.

Los seres humanos nos fortalecemos con las relaciones sociales, por eso es que una red de apoyo siempre es una vacuna para detener el abuso.

A propósito, para sumar a estas ideas, encontré importante compartirles tres puntos del Decálogo de Sexualidad y Ciclo Vital (X Congreso español de sexología, 2008):

* Debemos sensibilizarnos, acorde con nuestra edad, con los temas relacionados con la violencia, el abuso y las agresiones sexuales para, si fuera el caso, denunciar a los agresores/as de nuestro entorno y actuar en defensa de las víctimas.

* Sea cual sea nuestra edad, y condición física y psicológica, debemos valorar la importancia del placer como un componente fundamental de la salud, el bienestar y la calidad de vida.

* Debemos asumir las pérdidas afectivas y de pareja como una forma natural de la convivencia, sin que ello nos lleve a conductas desajustadas o violentas.

Concluyo diciendo que a pesar de las terribles circunstancias de violencia que hayamos vivido, nuestra capacidad de reconstrucción es enorme. Si bien, padecer un estado de vulnerabilidad constante nos aleja del placer de vivir, con los apoyos y ayudas adecuadas volvemos a encontrar nuestras fortalezas y el deseo de cuidar nuestro bienestar personal, que se traducirá en un bienestar común.

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