Marujita Machín era bailarina. Cuando llegaba el verano se enrolaba en un ballet de danzas folclóricas que recorría la costa para entretener a los turistas. Por las noches, para las actuaciones, se engalanaba con ostentosos vestidos regionales: faldas redondas que resaltaban sus giros, vestidos entallados de telas sedosas con volantes que realzaban su figura, medias de encaje y mantones de colores alegres.
Marujita, siempre viajaba con una máquina de coser portátil Singer. Durante su gira veraniega confeccionaba albornoces que vendía a los hoteles. Era una producción limitada, pero le ayudaba a obtener un dinero extra para pasar el invierno. Los albornoces eran de un tejido de rizo suave, ligeros y de color blanco. Ella los llamaba Perlitas.
Marujita dormía poco, por la mañana cosía y por la noche bailaba. La falta de sueño le pasaba factura, ya que unas veces se quedaba dormida encima de la Singer, o bien otras veces perdía el paso en las coreografías.
Un día les comentó a sus compañeras que quería salir a escena, a bailar con uno de sus albornoces. Las carcajadas no le quitaron la idea de la cabeza.
Por la noche cuando los guitarristas, en el escenario, empezaron los primeros acordes, cuando los palmeros las primeras palmas y las bailarinas salieron con su gran desparpajo, Marujita, la última, apareció en escena con el albornoz.
Sola, ante la perplejidad de sus compañeros, comenzó a bailar realizando grandes saltos combinados con giros, como si el suelo fuera un trampolín. Sin esfuerzo, ascendía y se mantenía en suspensión, consiguiendo virtuosas acrobacias y floreos. Flotaba y bailaba con movimientos puros. Los palmeros con cada paso de baile aéreo la animaban con un “tracatrá”.
Ella iba tomando impulso cada vez más potente y vertiginoso. Con gran desenvoltura, se propulsaba hacia el cielo y durante el sosiego del descenso, pulía sus equilibrios, volteretas, cabriolas…. Cada vez se la veía más diminuta.
En un instante impreciso, con la aceleración de uno de los ascensos, el albornoz de Marujita se perdió por el espacio.
Marujita desnuda perdió el albornoz y también la gravedad. Su cuerpo desnudo, empapado por gotitas anacaradas entró en la órbita de la Tierra.
Más ello no la desanimó para continuar realizando sus evoluciones y caracoleos. Se acomodó a saltar y circular por los diferentes niveles de la atmósfera gracias a la rotación de sus piernas. Danzaba pizpireta y liviana por los aires.
Solo en las noches de luna llena y a determinadas horas, se puede ver la sombra de una mujer desnuda realizar coreografías sofisticadas y danzas caprichosas sobre la corteza terrestre.
Cristina Morell
De Barcelona, España. Es abogada. Está retirada de su actividad, y siempre se relacionó con el teatro y las artes en general.










