Encuentro “Secuelas de guerra”

¿Qué guerra? ¿Acaso no son todas atrozmente similares?

No está basada en una historia real, sino, en muchas.

     Tenía frente suyo a una mujer que significaba algo diferente de cualquier otra, al empezar:

     –Cuando entró en la cueva donde yo estaba agazapado, le disparé con el fusil a quemarropa, recuerdo primero la sorpresa en su mirada y caer enseguida, pero tardó en morir ¡ maldita sea ! tardaba… y yo observaba desesperadamente, impotente, que terminara de una vez, que muriese, que terminara también de una vez esta…  ¡ guerra de mierda ! ¡ Créame ! Era él o yo, él hubiera hecho lo mismo, yo soy él y él, yo. Necesitaba decírselo, confesárselo, no aguantaba más… Al  saber al Batallón de infantería 182 al que pertenecía, busqué algún familiar

tras extensas averiguaciones hasta dar con usted.

     Estaba de pie, cerca de ella, en la penumbra de la tarde del living-comedor.

     — ¿ Soy un asesino ?–prosiguió.– No lo sé… pero necesitaba decirlo, contar lo que ocurrió, la culpa que me persigue obsesivamente, en pesadillas, sobresaltos, insomnio… No sé… dicen que es el alma de la víctima que sigue a su matador  quien tal vez me trajo hasta aquí… Créame señora, créame… si sirviera de algo pedirle perdón… lo haría… de rodillas… o como fuera… No sé… sé que es muy difícil comprenderlo… tal vez imposible, pero… yo no inventé la guerra en que nos metieron, nos manipularon… era un soldado más… ¿qué podía hacer?

     Lo había escuchado atentamente, casi sin pestañear, como hipnotizada. Cuando recibió la noticia de la muerte de su esposo en el frente, innumerables veces se preguntó cómo había ocurrido. En su interior se retorcían sentimientos ambivalentes: desde buscar en el placard la pistola cargada de su difunto cónyuge –se vio aferrándola–  y descargarla en el cuerpo de este ¡ hijo de mil…! causante de romper su felicidad, destruir un hogar, su armonía, equilibrio; sus días y noches de intenso placer con su amado esposo, afectando la alegría de sus dos pequeños hijos al privarlos de su padre… ¡ y todavía venía a decírselo ! Y… ¡ qué le importaba la guerra a ella si él fue quien lo mató ! Podría matarlo y decir que quiso abusarla, o entrar a robar en su casa… le daba lo mismo que le creyesen, o no, con tal de hacer su propia justicia… pero…–vaciló– también era cierto que no era su culpa, porque éste podía haber sido su marido, con el cual haber tenido noches y días de intenso placer, y también hijos y ser felices… y ahora tenía delante a un ser debilitado mentalmente, torturado, alcohólico–por sus temblores lo adivinó–tal vez drogadicto, una resaca de  la guerra que despertaba su compasión. “Perdonar hasta setenta veces siete”, había dicho Jesús, y nunca dejó de ser creyente practicante, ni siquiera en sus peores momentos.

     Yo podría estar muerto, y él, disfrutando ahora de esta atractiva mujer, a la que tenía ganas de proteger, ayudarla–pensó– también hacerla suya–llevaba tiempo sin una mujer—buscaba a un familiar del muerto, pero no sabía que encontraría a la esposa del difunto como le dijo al recibirlo, y por instantes se sintió dueño absoluto de la situación, porque sea como sea, el haber sobrevivido a la contienda le hacía saberse vencedor. El instinto animal apareció en su mente; se vio violándola al principio ante la negativa de ella y fornicando después, como algunas manadas que los machos tienen a la hembra libremente;  hasta que regresó a la realidad del presente.

Los dos habían  recorrido sus vidas como flashes.

Fueron instantes demasiado intensos.

Ella no pudo hablar, la emoción la invadió cuando le extendió la cadena de plata con el crucifijo que llevaba su marido y aferró con sus dedos.

Hubo un silencio profundo.

No hablaron, sobraban las palabras, la situación superaba todo diálogo.

Fue sin palabras la despedida.

Cuando él salió de la casa se encendían las luces de la ciudad.

Jamás volvieron a verse pero los dos pensaron lo mismo:

“No existe en el mundo mayor infierno que la guerra y sus manipuladores que juegan con las vidas ajenas”.

nació  en Argentina, donde reside en la actualidad en la ciudad de Bahía Blanca. Cursó estudios de Arte Dramático, Cinematografía y Literatura en la Universidad Nacional del Sur (UNS). Es autor de cuentos (publicados en revistas, suplementos literarios y diversos medios), novelas, entre otras, La Misionera de los Desamparados, sobre Naty Petrosino,( quien fue nominada al Premio Nobel de la Paz 2009  y guiones cinematográficos, primero para  cortometrajes: "El nutriero", basado en un cuento y que obtuvo una mención en un Festival Internacional de Cortos en Torrelavega (Santander),  España, y posteriormente para largometraje, donde, como en los anteriores, participó como guionista y como director de cine: "Desafío al coraje", largometraje en color de temática policíaca, que se filmó hace años en escenarios naturales cercanos a Bahía Blanca, y que se exhibió en cine y en TV , así como en el Cine-video del Consulado Argentino en Barcelona, y en el Sundance Institute de Cine Independiente, de Robert Redford, Salt Lake City, Utah, EE.UU.  Actualmente en YouTube.