El sistema eléctrico de Cuba está viviendo lo que algunos llaman “segunda revolución energética”, un proceso de transformación profunda que recuerda la iniciativa impulsada en 2005 por el entonces presidente, Fidel Castro, con sustento en la generación distribuida y el ahorro.
Pero ahora, en menos de un año, el país caribeño ha multiplicado por más de cuatro su capacidad de generación a partir de fuentes renovables, sobre todo de la captación de la energía solar. Aunque las cifras superan los pronósticos más optimistas, los resultados todavía distan de la cota prevista y la población padece prolongados apagones.
No obstante, este salto redefine la matriz energética nacional y abre una ventana de oportunidad económica y tecnológica para una nación históricamente dependiente de los combustibles fósiles importados.
El nuevo cambio estructural cobra un ritmo acelerado en medio del bloqueo petrolero impuesto por el gobierno de Estados Unidos, que obstaculiza la importación de combustibles con una abusiva persecución en los últimos tiempos y el objetivo de forzar la subordinación a sus intereses, conociendo el alto costo humano para los cubanos.
En medio de este desafío, el gobierno chino dio muestras de su histórica alianza con Cuba. Equipamiento y repuestos para la generación distribuida, cinco mil sistemas fotovoltaicos para viviendas aisladas y la instalación de 92 parques solares fotovoltaicos (PSFV) en toda la isla que prevén llegar a generar 2,012 MW, son la expresión de una eficiente cooperación entre las empresas de ambos países.
Huan Xin, embajador de China en La Habana, durante la inauguración de uno de esos emplazamientos a fines del año pasado, calificó de “estratégico” y “profundo” el proyecto binacional.
“A nivel social, proporcionará a la población un suministro eléctrico limpio, estable y fiable, mejorando así su bienestar. A nivel económico, el ahorro de divisas impulsará la recuperación económica de Cuba. Y a nivel ambiental, la reducción anual de las emisiones de carbono, contribuirá a la gobernanza climática global”, argumentó.
Por su lado, la viceministra cubana de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera Déborah Rivas apuntó un dato relevante: “se dejarán de emitir un total de 49 mil 280 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera”.
Según cifras oficiales, diariamente los parques fotovoltaicos en Cuba aportan como promedio, en las horas del día, el 38 por ciento de la energía que el país consume.
El pasado 10 de febrero, el Ministerio de Energía y Minas comunicó que, en el horario del mediodía se habían generado por primera vez más de 800 MW de energía fotovoltaica. En la jornada siguiente el récord quedó superado en 100 unidades.
Mientras, los techos de centros de salud, educacionales y otros aparecen cubiertos con paneles solares y personas e instituciones solidarias en todo el mundo contribuyen para multiplicar las placas.
Las estadísticas muestran cuánto se ha avanzado. A finales de 2024, Cuba contaba con apenas 262 MW de energía renovable instalada y al término de 2025 rozaba los mil 200 MW.
A inicios de 2026, 45 parques solares tributan al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). El plan contempla la incorporación de más de 100 MW este año, a partir del surgimiento de nuevos emplazamientos y acuerdos de cooperación internacional.
Sin embargo, persiste la alta dependencia de combustibles fósiles y la necesidad de mayor almacenamiento de energía. De ahí que también sea una prioridad construir parques de batería como el que se alza en el municipio capitalino de Cotorro, que posibilitará el aprovechamiento del 100 por ciento de la energía fotovoltaica.
Con el propósito de fomentar y acelerar la transición, este mes el gobierno anunció nuevas normativas que otorgan beneficios fiscales y contemplan, incluso, la exención del pago de los impuestos sobre los ingresos personales durante un período de hasta ocho años, a quienes realizan actividades económicas no estatales y emplean las fuentes renovables de energía.
Más de allá de los esfuerzos, los meses siguientes también serán difíciles para los cubanos en materia energética. Con una visión realista, lo ha dejado claro el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy: para 2030, el 24 por ciento de la matriz energética cubana será renovable. En 2035, el 31 por ciento. Y en 2050, el 100 por ciento.

Recientemente, el Servicio de Delegados Comerciales de la Embajada de Canadá en La Habana organizó un seminario técnico que reunió a expertos de ambos países vinculados al sector de las energías renovables.
Ese encuentro permitió fomentar el intercambio de conocimientos sobre el desarrollo de la energía solar, las soluciones de almacenamiento, la integración a la red eléctrica y los mecanismos de financiamiento, desde la experiencia canadiense.















