La escritora venezolana Angelina Peraza, residenciada en Canadá desde 2005, fue la ganadora del Concurso de Cuentos de El Nacional en su edición 73 con Simples versos. En esta conversación con Correo Canadiense, habla de la sorpresa de recibir el reconocimiento, del origen de su cuento, del poder de decidir y de cómo escribir en español se ha convertido, para ella, en una forma de arraigo.

Angelina, después de tantos años sin que se realizara este concurso, ¿qué te llevó a decir “sí” y participar en esta edición 73 de El Nacional?
La convocatoria me la envió una amiga, algo que agradezco muchísimo. Revisé los requisitos
y me aventuré a participar. El Concurso de Cuentos de El Nacional, que comenzó en 1946,
estuvo nueve años sin convocarse y se retomó en 2025. Me hacía mucha ilusión participar en
un certamen con tanta tradición, por el que han pasado escritores que son referentes en la
historia literaria de Venezuela, como Arturo Uslar Pietri, Guillermo Meneses, Rodrigo
Blanco Calderón, entre otros.
Ser la ganadora fue una gran sorpresa y es todo un honor. Recibí este reconocimiento con
entusiasmo, humildad y un gran sentido de responsabilidad.
En Simples versos, el jurado destacó esa mezcla entre la filosofía clásica y una mirada contemporánea. ¿De dónde nació la historia y qué querías dejarle al lector cuando la terminara?
La idea del cuento surgió de la lectura de un texto de Arturo Pérez-Reverte publicado en la
revista Zenda. Trataba de un hombre que, después de veinte años de guerra y lejos de su
hogar, camina hacia su casa pensando en lo que había dejado atrás. A mitad de la cuesta se
detiene: sabe que encontrará a una mujer de piel marchita, a unos hijos que no vio crecer, a
perros que no conocerán su olor… Entonces decide darse la vuelta.
Cuando terminé de leerlo, se me ocurrió el personaje de Clío. Me dije: «¿Y si es ella la que
no lo quiere de vuelta?». Entonces hice que el hombre siguiera subiendo, llegara a su casa y
no la encontrara. El mensaje surgió de manera orgánica mientras escribía: cada persona tiene
la posibilidad de elegir su propio destino, incluso cuando parezca que las circunstancias son
inamovibles. En la mitología griega, Clío es la musa de la historia. Allí hay un simbolismo: la
protagonista es una mujer que decide reescribir su historia.
Cuando pensamos en Simples versos, aparece con fuerza el tema de elegir y tomar las riendas de la propia vida. ¿Qué significa para ti ese poder de decisión y por qué quisiste llevarlo a ese diálogo entre lo clásico y lo contemporáneo?
La temática central es el poder de decisión. Clío, la protagonista, en lugar de dejarse arrastrar
por las circunstancias, encontró en la escritura, en la lectura y en el hecho de poseer libros los
recursos para negociar su libertad. Desafió la tradición, la culpa y el miedo para apostar por
un nuevo rumbo.
Al conectar la filosofía clásica con la contemporaneidad, quise mostrar que, aunque cambien las
épocas y las circunstancias, algunas preguntas permanecen: quiénes somos, cuánto de
nuestro destino nos viene impuesto y cuánto somos capaces de transformar a través de nuestras
decisiones.
Vives en Canadá desde 2005 y escribes en español desde un entorno anglófono y francófono. ¿Cómo conviven en tu escritura esa herencia literaria venezolana y todo lo que has descubierto en Canadá?
Mi doble identidad me ha enriquecido como persona y como escritora. Traje de Venezuela un
bagaje de lecturas de escritores latinoamericanos y en Canadá descubrí a escritoras
magníficas como Alice Munro, Margaret Laurence, Margaret Atwood y Anne Carson. Pienso
que un escritor es también sus lecturas y su manera de mirar el mundo. La mía se ha hecho
más amplia al vivir fuera de mi país.
Escribo en español en un país anglófono y francófono, y mi lengua se ha convertido en una
forma de arraigo. Mi lengua es mi casa portátil.
Este reconocimiento de El Nacional llega además en un momento muy particular para Venezuela. Desde tu experiencia como promotora de lectura y escritora venezolana en el exterior, ¿qué representa este premio para ti y qué papel crees que podemos tener quienes seguimos escribiendo desde fuera del país?
Un premio le da visibilidad a tu trabajo. Estoy muy agradecida por la acogida y las muestras
de cariño que he recibido, no solo de familiares y amigos, sino también de nuevos lectores.
Este reconocimiento llegó en un año en el que, después del doble terremoto que sacudió a mi
país, los venezolanos necesitábamos nuevas historias.
Los escritores venezolanos que vivimos fuera tenemos la posibilidad de ser la voz de un país
silenciado por la dictadura. La literatura tiene el poder de contar, cuestionar e incluso
denunciar la realidad bajo el paraguas de la ficción. Pero también puede preservar nuestra
identidad y nuestra memoria. Desde el exterior, podemos tender puentes hacia Venezuela y
ser luz en medio de la oscuridad.
Y ahora, Angelina, después de este reconocimiento, ¿qué sigue? ¿Veremos Simples versos publicado en otros espacios y qué otros proyectos literarios estás preparando?
Ahora toca seguir trabajando y darle forma a un par de proyectos literarios que tengo en
marcha. Por los momentos, no tengo planes de publicar Simples versos fuera de El Nacional,
pero ya veremos qué caminos se abren.
Gracias a ti y a Correo Canadiense por esta entrevista y por la oportunidad de conectar con
sus lectores.










