A propósito de Glaxo

Entrevista con Benjamín Naishtat y Esteban Bigliardi

Benjamín Naishtat regresó al Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), donde había presentado Rojo en 2018, para el estreno mundial de Glaxo, su nueva película. El festival le reservó un lugar destacado al incluirla en la sección Special Presentations y celebrar su estreno en el bellísimo Royal Alexandra Theatre, teatro históricosde Toronto. Esta vez lo acompañó Esteban Bigliardi, uno de los protagonistas del film, a quien los espectadores de cine argentino y los habitués de TIFF seguramente reconocerán por sus actuaciones en películas como Las corrientes (TIFF 2025) y Los delincuentes (TIFF 2023), entre muchas otras.

Basada en la novela de Hernán Ronsino, Glaxo es una historia de amistad, traición y venganza que transcurre en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. La película va y viene entre tres momentos, 1956, 1957 y 1984, en un relato donde la violencia política de la época deja su marca en la vida de los protagonistas.

El prólogo nos sitúa en 1956, poco después del golpe de Estado de 1955, autodenominado Revolución Libertadora, que derrocó a Juan Domingo Perón. Allí aparece Ramón Folcada (Marcelo Subiotto), un personaje de ficción vinculado con los fusilamientos de José León Suárez, los hechos reales que Rodolfo Walsh investigó en Operación masacre. En 1957, Folcada llega a Chivilcoy junto a su esposa, “la Negra” Miranda (Lali Espósito), una pareja rodeada de secretos que despierta la curiosidad de cuatro amigos adolescentes que atraviesan el despertar sexual, más preocupados por las mujeres y por evitar el servicio militar obligatorio que por la política. Años después, en 1984, Vardemann (Bigliardi) regresa al pueblo tras salir de prisión, y poco a poco se revela la traición que cambió sus vidas.

Conversamos con Naishtat y Bigliardi durante su paso por Toronto, después de las primeras funciones de Glaxo, sobre la adaptación de la novela, el trabajo con los actores y las dificultades de producir cine en la Argentina actual.

¿Cómo te encontraste con la novela de Ronsino y cómo fue tu proceso interno y creativo para trasladarla a tu propio universo cinematográfico?

Benjamín Naishtat: La novela me la acercó el productor que se había hecho de los derechos. Un poco atípico tanto para mí como para el cine argentino que en general hay pocas adaptaciones y en general los proyectos nacen de los propios directores. Así había sido para mí antes, pero en este caso me acercaron la novela y me encantó. Una lectura muy voraz, muy intensa y bueno me lancé a adaptarla y a filmarla.

Glaxo tiene conexiones con Rojo, no solamente por la historia, sino también por lo visual. ¿Esas conexiones ya estaban presentes cuando empezaste a imaginar la película?

Benjamín Naishtat: Sí. Empecé a imaginarla como un ejercicio de estilo, de género. Con Rojo era otro estilo, pero era un ejercicio en ese sentido, con el lenguaje de los 70 y acá estamos con el lenguaje de los 50, con el lenguaje de los 80. Hay como un ejercicio de lenguaje y es el mismo director de fotografía. Creo que eso se nota. Está el mismo vestuarista. Ya nos entendemos y tenemos un código de trabajo que seguramente algo de eso notaste, una resonancia.

Esteban, eres un habitué de TIFF en la pantalla, con películas como Las corrientes, Los delincuentes y El futuro que viene, entre otras. ¿Es tu primera vez en el festival en persona? ¿Qué impresión te llevas?

Esteban Bigliardi: Sí. Es la primera vez que vengo, nunca se me había dado antes. Pero sí estuvieron muy lindas las funciones. El primer teatro, la verdad que muy cálido el lugar y un teatro español, a la antigua, con palcos. Siempre es una alegría poder presentar una película, ver salas llenas. En los festivales tenemos la suerte de que la gente se interesa. Y a mí eso me emociona siempre. Amamos el cine y ver una sala llena y que existan los festivales es para celebrar, así que es una alegría poder acompañar una película acá. Es un gran privilegio. Estoy muy feliz.

¿Es la primera vez que trabajan juntos? ¿Cómo surgió esta colaboración?

Esteban Bigliardi: Yo creo que el inicio es que subimos un pico en Bariloche, el Cerro López. Creo que ahí sellamos algo [risas].

Benjamín Naishtat: Hicimos bonding.

Esteban Bigliardi: Fue, sin saberlo, una forma muy particular y hermosa de conocernos un poco. Subimos un cerro que llegás trepando con piedras.

¿Y cómo surgió la idea de convocar a Lali Espósito?

Benjamín Naishtat: Estuvo desde un comienzo una idea que sobrevolaba de un personaje muy pregnante. Teníamos que ver quién lo podía hacer y pensamos en ella bastante temprano en el desarrollo. Bueno, después es realmente una audacia del productor conseguirla y encontrar la agenda y todo con alguien que tiene una carrera tan intensa y exitosa. Pero bueno, el elenco lo armamos junto con dos directoras de casting muy buenas, Mariana Mitre y Katia Schejtman. Fue bastante intuitivo y sencillo armar la parte de los adultos. Fue un dream team.

Con Esteban, no lo digo porque está presente, pero siento que está muy preciso en la película, esa cosa quirúrgica que el cine necesita que es lo que hace que funcionen todas sus escenas.

Es una película muy ambiciosa en términos visuales y técnicos, y también por el elenco. Quería preguntarte por el esquema de producción y si tenés alguna reflexión sobre lo que está ocurriendo en Argentina con las políticas de cine.

Benjamín Naishtat: Bueno, imaginate que la película se filmó en Brasil, toda. Fue una aventura interesante y todo, pero yo había hecho scouting en Chivilcoy, en la pampa. Iba a generar muchísimo trabajo que la industria necesita y hubo que llevar la producción ahí.

Fue una decisión de Rodrigo, el productor, por dos motivos, primero por costos, ante todo, porque la Argentina está con una macroeconomía que hace que no se pueda producir ni cine, ni zapatos, ni heladeras, y donde el trabajo está amenazado. La primarización de la economía hace que todos los que nos dedicamos a fabricar algo con valor de trabajo estemos con una situación muy difícil y también hace que las inversiones del cine, audiovisuales, vayan mucho a Uruguay, a Colombia, a Chile y dejen de venir a Argentina, como en el caso de Glaxo, que hubiera generado más de cien laburos, si bien llevamos el elenco, llevamos parte del equipo.

Así que bueno, fue una situación muy inusual, y es un momento muy inusual y muy malo. Argentina siempre tuvo una excepcionalidad cultural y se le ha declarado la guerra a la cultura como idea, a la identidad como idea. Así que son años bravos para todos nosotros.

Además de presentar Glaxo en San Sebastián, vas a presentar un documental que realizaste junto con María Alché. ¿Nos puedes contar un poco sobre ese proyecto y cómo llegaron a la historia del hijo de Alicia Eguren?

Benjamín Naishtat: Es una historia muy escondida, pero creo que a la gente le va a fascinar. Estábamos investigando para un guión de María, de los años 50. Nos topamos con Alicia Eguren, que es un personaje muy poco conocido pero fascinante a todo nivel. Y ahí descubrimos que su hijo estaba vivo en México y lo fui a ver. Inmediatamente dije, esto hay que hacer una película con este personaje y la hicimos totalmente autoproducida. Recupera ideas y personajes que para mí pueden ser clave para entender qué rumbo tomar ahora

Vanesa Berenstein
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Encargada de Programación del Festival de Cine Latinoamericano de Toronto (LATAFF)

Investigadora en MAP Centre for Urban Health Solutions, St. Michael's Hospital, Unity Health Toronto

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