El interrogatorio

Eran las 10 de la noche cuando el detective Keller dio un fuerte manotazo al escritorio en una sala de interrogación.

—¡Te tengo! – le espetó al sujeto que tenía frente a él.

Por su parte, el interrogado ni se inmutó. Por el contrario, su respuesta fue una pequeña sonrisa dedicada al famoso detective.

—Usted no tiene a nadie detective Keller.

—Claro que te tengo y, ¿sabes una cosa? Haré que termines todos los asquerosos días de tu vida en una celda hasta que te pudras en ella. Tú fuiste el que asesinó a esa chica. Los vídeos y las pruebas te incriminan por todos lados. Fuiste tan idiota que no cuidaste nada. El vídeo de seguridad indica que entraste a las 9:30 pm del sábado 3 de noviembre a su casa. La golpeaste y la violaste para después rebanarle el cuello. Fueron tus propias manos las que pintaron en la pared la palabra «whore» y saliste de su domicilio a las 11:12 pm con las manos y la ropa llena de sangre de la víctima. Todo quedó grabado. Tus huellas y ADN están por todos lados… ¡eres un maldito enfermo!

—¿Ya terminó detective? ¿Por qué no va a su oficina a revisar su correo de hoy? De seguro le llegó un sobre amarillo en donde encontrará algo de suma importancia para usted… Vaya, aquí lo espero, pero por favor, no tarde mucho, ya es tarde y aún no he comido nada.

Keller analizó la mirada del sujeto comprobando que el tipo hablaba muy en serio. Así que salió de la sala de interrogatorio rumbo a su oficina que quedaba a tan solo dos puertas de distancia. Diez minutos después regresó. Su cara mostraba otro semblante. Ya no era el mismo detective famoso por su temple y seguridad.

El asesino sonrió una vez más al ver la cara de Keller y ahora fue él quien le espetó al detective.

—Tengo la grabación del vídeo de cuando su adorada y hermosa esposa me contrató para asesinar a esa chica, detective. Usted era el amante de esa mujer que asesiné… y créame, hay una reportera del New York Times que esta interesadísima en esa memoria USB.  Ahora, si no es mucha molestia, le pediría que me quitara estas esposas y me dejara salir. La verdad, ya es tarde y no he comido nada.

Eran las 11:55 pm. cuando un hombre calvo, de 1.80m de estatura y sudadera deportiva en color azul entraba a un restaurante de comida rápida ubicada en la interestatal. Al mismo tiempo, una grabación de un interrogatorio estaba ardiendo bajo el fuego de una chimenea de un lujoso apartamento en Boston.

—¡Mi amor! ¿No vas a cenar nada? Ya es tarde –preguntó La esposa del detective Keller.

—Sí mi amor, voy para allá.

Tres días después, el New York Times ponía en su encabezado:

«Hombre en situación de calle se suicida al ser descubierto por el asesinato de la joven cantante Marie Shenn, la misma que fue violada y asesinada en su propio apartamento».