El psicópata

Se conocieron por internet, por casualidad, como últimamente se da en las redes sociales y hubo química cibernauta en cuanto a sus ideas, pensamientos y proyectos.

La comunicación entre ellos subió de tono y de intimidad. Las palabras amables pasaron a ser cariñosas. Conversaban a diario y comenzó a crearse un vicio que llenaba el día a día de ambos.

Él era un psicópata y, entre broma y broma, cuando ella preguntaba:

— ¿De dónde te salen tantas ideas? — Él siempre respondía:

— Es que soy psicópata asesino y los psicópatas siempre tenemos ideas.

Y era verdad, el asesino no mentía. Si bien él tenía buenas ideas, bromas, gustos, a fin de cuentas, era por su condición de psicópata en realidad. Y aunque lo decía en tono de burla, a ella le encantaba y le daba risa oír esa frase; de hecho, creo que esas palabras tan espontáneas fueron las que la enamoraron o, por lo menos, a partir de ellas le nació la necesidad de conocer a ese hombre en persona.

Él, por su parte, también quería conocerla. Si bien el psicópata no tenía claro qué iba a pasar en esa cita, aceptó y pusieron fecha y hora para conocerse en casa de ella.

—Entonces, ¿usted reconoce que cometió el asesinato? —preguntó el juez.

—Así es su señoría, yo cometí el asesinato. Él era un psicópata, pero nunca imagino que yo también lo soy.