Taumátropo

Tiré de los hilos por ambos extremos e hice rotar el disco en el centro. Giraba rápidamente, creando como por arte de magia, una esfera transparente que contenía la imagen de ambas caras como si fueran una sola. Un pequeño ruiseñor y una jaula. Intuí que aquello mismo era yo. Dos caras de una misma moneda (que no se me permitía observar de modo simultáneo), distintas entre sí y sin embargo complementarias. Quién entonces, ejercería una acción desde algún sitio inadvertido, partiendo del punto de sujeción, extendiéndose por una línea y desembocando en un círculo, transformando este cuerpo plano en una esfera que habitará otra dimensión (indescriptible para nosotros que solo entrevemos ese lugar como niños espiando a través de la diminuta ranura de nuestros sentidos). Los ojos de qué extraño Dios contemplarían el hiper taumátropo y entenderían el significado de la breve secuencia que presenciaban.