Microlecturas. Salto suborbital

En el principio todo era uno. Habitábamos en el hermoso paraíso del no saber, formando parte de una sola amalgama de nacimiento y aniquilación en perpetuo movimiento. Un día eso cambió. No estamos seguros de cómo llegó a suceder, pero en algún punto, alguien como ella, a quien llamaron Lucy, quizás en medio de una noche serena a la luz de la luna, observó su reflejo sobre algún cuerpo de agua en medio de la sabana mientras saciaba su sed. Fascinada por el descubrimiento de ese otro que seguía fielmente sus movimientos y perdiéndose en la profundidad de su propia mirada, extendió la primitiva mano hacia su reflejo. Construyó así un puente que le permitió atravesar su propia línea de Kármán a través de un inesperado proceso de abstracción, provocando la anomalía que nos arrancó de aquel informe amasijo de una sola dimensión y nos arrojó a la terrible soledad de la siguiente.