La vida de un mamut reconstruida a partir de sus colmillos

Los mamuts son una de las especies emblemáticas de la Edad de Hielo o Pleistoceno, aunque se conoce poco de sus comportamientos biológicos. Un grupo de científicos de Austria, China y Estados Unidos relacionaron los movimientos y dieta de un mamut lanudo ártico de 17 mil años de antigüedad, procedente del Museo del Norte de la Universidad de Alaska, con los mapas isotópicos de la región.

El análisis de isótopos se utiliza desde hace años para la geolocalización y para reconstruir las condiciones ambientales y preferencias en la dieta de los animales herbívoros. En el estudio mencionado, publicado en la revista Science, se analizaron las firmas isotópicas de los elementos oxígeno y estroncio. De acuerdo con declaraciones de Clement Bataille, investigador de la Universidad de Ottawa y coautor del estudio, los primeros provienen del agua y varían en función del paisaje y el clima, y los de estroncio se obtienen a través de las plantas que comen, y también dependen de la geología subyacente del ecosistema.

Los investigadores dividieron el colmillo, de unos dos metros de longitud, a lo largo, y generaron unos 400 mil puntos de datos microscópicos, que ofrecían un registro cronológico de toda la vida del mamut. Esta especie añadía nuevas capas a diario en sus colmillos, de ahí que fuera posible rastrear con detalle los datos de alimentación y migración durante toda su vida, convirtiéndose así en una biografía de la Edad de Hielo.

De acuerdo con los especialistas, hasta el momento sólo se conocían pocos detalles sobre la vida y los movimientos de los mamuts lanudos; este estudio ofrece la primera prueba de que viajaban grandes distancias. En el caso del ejemplar estudiado, durante sus 28 años de vida, recorrió una distancia total que equivaldría a la necesaria para dar aproximadamente dos vueltas completas a la Tierra.

“Se movió de un lado a otro, en un patrón migratorio que refleja los movimientos de los elefantes africanos modernos”, apunta en un comunicado Matthew Wooller, investigador de la Universidad de Alaska Fairbanks y autor principal del trabajo. Si bien los científicos han usado el comportamiento de los elefantes como indicador de lo que podrían haber hecho los mamuts, no existían pruebas que demostraran tal correlación hasta el momento.

Wooller refiere que descubrir más sobre la vida de las especies extinguidas es relevante para más que satisfacer la curiosidad, pues muchas especies adaptan sus patrones de movimiento y sus áreas de distribución con el cambio climático. “El Ártico está experimentando muchos cambios, y podemos utilizar el pasado para ver cómo se desarrollará el futuro para las especies actuales y futuras”, refiere. Entender los factores que llevaron a la extinción de megafaunas como los mamuts podría ayudar a proteger otras especies de actualmente amenazadas por el clima o la acción humana, como caribús y elefantes.