El nuevo lujo en Cancún cambia sus reglas

El turismo de lujo en Cancún ya no se mide por la cantidad de cócteles junto a la piscina o el tamaño del buffet. Hoy, la exclusividad se define por la personalización, la conexión cultural y el servicio anticipado. Mientras el mercado masivo sigue apostando por el modelo “todo incluido”, el segmento premium redefine sus estándares con propuestas que fusionan arte, alta gastronomía y experiencias auténticamente locales.

En la Zona Hotelera, algunos hoteles funcionan como auténticos museos vivientes. Obras contemporáneas decoran pasillos, esculturas se integran en jardines tropicales y la arquitectura se convierte en parte de la experiencia sensorial. La meta es atraer a un visitante que no busca únicamente descansar, sino vivir una historia.

La cadena europea Kempinski, fundada en 1897 y reconocida como la más antigua del mundo, es pionera en este nuevo paradigma. “Si buscan el punchis punchis y la fiesta, no vayan. Si buscan tranquilidad, calidad de servicio y gastronomía, este es el lugar”, explica Conrad Bergwerf, su director general.

La competencia crece al ritmo de la demanda. St. Regis ya abrió sus puertas en la zona y Ritz-Carlton prepara su regreso para 2027 con una inversión millonaria. “Se está regresando al turismo de lujo”, confirma Bergwerf. Las propiedades se diferencian a través de detalles: mayordomos de uniforme rojo disponibles las 24 horas, restaurantes con estrellas Michelin y spas que incorporan rituales inspirados en la medicina ancestral maya.

Según Jessica Chablé, Ejecutiva de Ferias y Eventos del Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ), el perfil del visitante cambió radicalmente. “El turista ya no solo quiere que le den comida, quiere saber qué tipo de comida es, qué tan buena, si ha sido premiada o si es orgánica. Hay un público mucho más exigente y consciente”, señala.

Las redes sociales han acelerado esta transformación. La pandemia consolidó la era digital y redefinió las prioridades del viajero. “¿Cómo eliges un destino hoy? Por comentarios, por fotos, por influencers. Buscas lugares instagrameables, memorables, que puedas compartir”, apunta Chablé.

Las experiencias inmersivas son el corazón del nuevo lujo. En el Kempinski Cancún, los huéspedes pueden participar en recorridos gastronómicos por comunidades mayas, nadar con el tiburón ballena entre mayo y agosto o avistar tiburones tigre durante su período de gestación. Todo orientado a conectar con lo auténtico del destino.

El mercado principal continúa siendo el norteamericano y canadiense, que representan cerca del 70 % del total en hoteles de lujo. México aporta un 20 %, y el resto del mundo, el 10 %, según datos del CPTQ basados en cifras del Instituto Nacional de Migración.

“Argentina está entre los tres principales países latinoamericanos que más nos visitan”, detalla Chablé. Sin embargo, el desafío es aumentar esa participación. “Si logramos pasar del 1 % al 2 %, para mí ya es un éxito”, comenta Bergwerf.

En 2024, Quintana Roo generó una derrama económica de 21 000 millones de dólares gracias al turismo, según datos del gobierno estatal. Su infraestructura turística incluye cuatro aeropuertos internacionales y conectividad directa con 134 ciudades del mundo.

Las grandes cadenas internacionales miran ahora hacia América Latina con una estrategia selectiva: apuestan por destinos con identidad y propiedades con historia. Ciudades como Buenos Aires y São Paulo figuran en sus planes de expansión, aunque los proyectos se encuentran aún en fases preliminares.

En este contexto, los precios del lujo también marcan diferencia. Una noche en el Kempinski Cancún puede costar desde 700 dólares, mientras que las suites exclusivas superan los 2 000 dólares. Las bodas de alto perfil alcanzan cifras de hasta 1 millón de dólares solo en decoración.

El turismo de lujo en Cancún ha cambiado sus reglas. Hoy, ya no basta con una vista al mar: el nuevo estándar exige arte, autenticidad y una experiencia que anticipe los deseos del huésped antes de que los exprese.

José Luis Perelló Cabrera
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Investigador. Cátedra de Estudios del Caribe «Norman Girvan»

Universidad de La Habana