¿Cuba amenaza a Estados Unidos?

Algo no anda bien en el discurso político de la actual administración de Estados Unidos cuando un estado al que califican de “fallido” es señalado al mismo tiempo como una amenaza para la mayor potencia militar y económica del mundo. En paralelo, la gran prensa corporativa lo presenta en off -en términos eléctricos, económicos y hasta simbólicos.

Desde hace al menos cinco años, Washington utiliza el adjetivo “fallido” para etiquetar al gobierno cubano. El expresidente Joe Biden empleó públicamente el término en julio de 2021 en declaraciones relacionadas con las protestas que tuvieron lugar en algunas ciudades del país caribeño en esa fecha. En 2026, Donald Trump ha retomado y amplificado esa idea en intercambios con la prensa y mensajes en Truth Social.

A la par, otros pronunciamientos, tanto del presidente como de funcionarios del gobierno de Estados Unidos, intensifican una narrativa que precede o justifica mayores acciones coercitivas contra Cuba que elevan la tensión entre ambos países e impactan en la vida cotidiana de millones de personas en ese país.

En marzo pasado, Trump afirmó que tendría el “honor” de “tomar Cuba de alguna forma” y añadió: “Creo que puedo hacer cualquier cosa que quiera con ella”. Días después, durante un foro en Miami, el mandatario estadounidense declaró: “Cuba es la próxima”, al referirse a las acciones militares de Washington en otros escenarios internacionales.

En otra comparecencia pública, el presidente republicano aseguró que la situación en la isla podía derivar en una “toma amistosa” o quizás “no amistosa”. “No importa realmente, porque están funcionando con los últimos recursos”, expresó y no dudó en firmar otra orden ejecutiva a inicios de mayor para recrudecer el alcance del bloqueo impuesto desde hace casi siete décadas.

Durante una audiencia del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó este martes que considera que Cuba supone una amenaza a la seguridad nacional de su país.

En respuesta a esas consideraciones que circularon de inmediato a través de los medios de comunicación, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez desde sus perfiles en redes sociales aseguró que jamás ha salido de territorio cubano “una sola acción ofensiva contra la seguridad nacional estadounidense” y calificó como “cínico” señalar a Cuba como una amenaza.

En su mensaje apuntó que Cuba “ha cooperado históricamente con Washington en temas de seguridad y combate a delitos transnacionales”. En cambio, “cada día sale una nueva amenaza de EE.UU. hacia Cuba”, denunció.

Desde su Observatorio de Medios, el portal digital Cubadebate realizó un estudio de las publicaciones del influyente periódico estadounidense The New York Times entre enero y mayo de 2026. La pesquisa muestra que aun cuando ese rotativo se hizo eco de los efectos humanitarios de las sanciones del gobierno norteamericano, la cobertura construye una imagen persistente de un país “a oscuras”, vulnerable y situado al borde de un desenlace inminente.

Desde enero, antes incluso de las declaraciones más agresivas de Donald Trump, el diario ya vinculó a la Isla con la estrategia estadounidense contra Venezuela y la presentó como el próximo eslabón geopolítico bajo presión de Washington.

La narrativa se reforzó a través de titulares sobre economía en “caída libre”, dependencia petrolera y posibles levantamientos populares, en un intento por normalizar la idea de una Cuba en crisis permanente. Según el análisis, The New York Times utiliza un lenguaje y una estética visual coherentes con esa narrativa.

Cuba también aparece como referencia secundaria constante dentro de relatos sobre migración, seguridad hemisférica, Rusia o política exterior estadounidense. De igual modo, esos contenidos construyen una percepción de la Isla como un espacio agotado, geopolíticamente expuesto y susceptible de intervención o cambio forzado, en un clima favorable a la política de máxima presión impulsada desde Washington.

Al respecto, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, denunció un “diseño comunicacional fríamente calculado” para normalizar la idea de una agresión contra la isla.

Por su parte, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, alertó que una agresión militar estadounidense provocaría “una verdadera catástrofe humanitaria y un baño de sangre”. Según el diplomático, “no existe la menor razón, ni siquiera el menor pretexto”, para que una superpotencia ataque a una pequeña nación que “no representa ninguna amenaza”.

En medio de la contradictoria narrativa del gobierno de Estados Unidos, el presidente cubano reiteró: “Cuba no amenaza, ni desafía, pero tampoco teme”.

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