La democracia… ¿agoniza?

En una democracia, la vitalidad de las instituciones está en relación directa a la capacidad de la ciudadanía para expresar preocupación y descontento. No estamos hablando de esa capacidad en términos de posibilidad, sino en términos de ejercicio real y efectivo. La distinción tiene sentido porque hay sociedades en las que los canales para la expresión de preocupación o descontento existen (medios de prensa, organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos) pero la ciudadanía tiende a asumir que los asuntos públicos no le incumben o, lo que es peor, que no están a su alcance.

En Correo pensamos que sobre la apatía no se construyeciudadanía ni se sostienen instituciones auténticamente democráticas y es por eso que en éstas páginas el espacio está abierto, con la mayor pluralidad posible, a quienes ejerzan su derecho a expresarse libremente en cuestiones que nos atañen a todos.

El primer autodenominado Gobierno para el Pueblo, de la Provincia de Ontario, se viene cargando la democracia a paso de gigante borracho. Orilla en lo imposible llamar la atención de tan grave desmán, cuando la vida cotidianasigue transcurriendo inalterada. Imposible encontrar la forma de iniciar la conversación sobre el peligro mortal que acecha a nuestro sistema cuando no vemos levantamientos populares ni se requiere acción militar que los controle.

Esa aparente normalidad es la que le permite a Ford y su equipo alzarse a diario con los dineros necesarios para financiar sus compromisos electorales, que obtiene del bienestar básico de las familias y poblaciones más necesitadas de la provincia –literalmente hablando-. Por si tales atropellos no fueran razón suficiente para la alarma, Ford despliega su desprecio por la esencia misma de la democracia en sus actuaciones en la Cámara de la Provincia de Ontario.

Si nos ubicamos en la exactitud semántica del término, la sesión en laque los legisladores provinciales que representan a la mayoría de los habitantes de Ontario, aquellos que no votaron por Ford, preguntan al gobierno sobre los diferentes temas inherentes al desempeño del gobierno, se llama Periodo de Preguntas y no Periodo de Respuestas; y tal vez esa sea la razón por la que sistemáticamente Ford y sus acólitos ignoran las estudiadas y fundamentadas preguntas de los representantes de la oposición y, como disco rayado o loro malcriado repiten las mismas frases leídas de unalista de anuncios de gobierno totalmente ajena al tenor de las preguntas formuladas.

Cuando dichas frases mencionan la cerveza barata, los recortes a la salud, la pérdida de puestos de trabajo que se producen debido a medidas como cancelación de programas, proyectos o legislación, la horda conservadora ovaciona de pie al líder y se enardece para enmudecer las voces de los opositores.

El atropello del poder al derecho en su mas burda y elemental expresión.En una de las últimas sesiones, mientras se descuartizaba la esencia misma de la dinámica democrática dentro del Parlamento Provincial, afuera, el representante del partido de gobierno Sam Oosterhoff se dirigía al grupo antiaborto, asegurando que el derecho de la mujer a abortar es “Impensable en nuestro tiempo”.

Oosterhoff es el mismo que no dudó en llamar a la policía para controlar a un grupo de adultos mayores que se acercó a su oficina para leer un libro en señal de protesta por el inminente cierre de la biblioteca de la zona.

Dejando que el relojcorriera, como un equipo mediocre cuidando el empate, la lista siguió y las preguntas quedaron sin respuestas. Minutos mas tarde desde la seguridad de su oficina, Ford envió un email comunicando que el tema del derecho al aborto no será reabierto en esta legislatura.

Todos sabemos qué poco valor tiene la palabra empeñada de nuestro ilustre Premier: la parte que seguramente es verdad de tal aseveración es que no se reabrirá una discusión parlamentaria.

Al mejor estilo bulldozer, Ford se cargará el derecho soberano de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, si llegado el momento es un tema redituable en cualquier aspecto que él considere.

La democracia en Ontario se muere día a día y nadie parece lamentarlo o, lo que es peor, ni siquiera notarlo.