La diversidad cuestionable de una comunidad fragmentada

El pasado 23 de junio se llevó a cabo la edición número 38 de la marcha del orgullo gay en Toronto. Como ya es costumbre cada junio y desde 1981, el público acude para expresar su apoyo a la diversidad genérica y sexual enmarcada bajo el paraguas del acrónimo LGBTTTI (gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual). De esta manera, el cuadrante principal de las calles Church, Bloor y Yonge, se convierte en el escenario de una celebración que cada año supera índices de asistencia y, por qué no decirlo también, de una versión romantizada de lo que supuestamente es la comunidad LGBTTTI: todos felices y todos contentos.

Pero no nos engañemos, la marcha del orgullo gay en Toronto, la ciudad más grande del país poco refleja la realidad de una comunidad que continúa siendo marginalizada desde fuera. Lo sorprendente de todo esto es que se dé, también, justo desde sus entrañas. Por ejemplo, la discriminación hacia los hombres gay que no se ciñen al estereotipo del hombre fortachón y cuyos músculos son motivo de exaltación en los carros alegóricos de la marcha, entrevé la hipocresía de una minoría y un discurso que tras haber conquistado espacios sociales y libertades no imaginadas, ahora pretende imponer un orden jerárquico que en mucho imita al modelo imperante de la heteronormatividad compulsiva. Aquí me gustaría poner en claro que mi punto de vista personal no es una generalización de la comunidad LGBTTTI, pero sí una llamada de atención a actitudes discriminatorias que atentan en contra de los más vulnerables dentro del supuesto resguardo del paraguas de la diversidad. Me parece vergonzante leer mensajes en las redes sociales donde tajantemente se excluye a personas trans, hombres de ascendencia étnica no considerada como atractiva, y en general a todo aquel que no refleje la imagen del white jock, papi chulo, BBC, o power bottom, solo por mencionar algunos de los arquetipos construidos dentro del colectivo, y cuya función consiste en ensalzar lo que supuestamente es la masculinidad.

Volviendo a aquella tarde calurosa de verano, enmarcada por banderitas multicolores y toda clase de vestimenta llamativa y, por supuesto, ‘cuerpazos musculosos de chicos guapos y sexis’, es importante referirnos a las palabras de la ministra de turismo, Mélanie Joly, quien al ser entrevistada, aseguró que la estrategia de su oficina es inyectar dinero a las economías de las ciudades canadienses, -no solo a las más grandes-, para organizar eventos que permitan destacar la participación de la comunidad LGBTTTI. Si bien se aplaude lo loable esta iniciativa, lo que no parece adecuado es haber concluido diciendo que el resultado final de su proyecto es fomentar la imagen del país como una especie de paraíso gay, en aras de apoyar el consumo derivado de dichos eventos, es decir, el llamado dinero rosa que se ha convertido en un nicho de mercado bastante redituable para las empresas. Ya lo decía el escritor mexicano José Joaquín Blanco tras la publicación de su ensayo “Ojos que da pánico soñar”, donde augura que a la comunidad gay se le toleraría a cambio de conquistar sus bolsillos. En este sentido, convendría cuestionarnos quiénes son los verdaderos beneficiados de las marchas del orgullo gay y que, a mi manera de ver las cosas, son tan solo algunos personajes de cuello blanco que detrás de sus escritorios se dedican a ver cómo incrementan sus cuentas bancarias. Entonces, seamos un poco más críticos y no dejemos que a chuchita la bolseen, que a nuestra comunidad LGBTTTI la bolseen, y que nuestra comunidad continúe fragmentándose aún más desde fuera y dentro.

La resistencia activa al odio y la exclusión

Quizás el mensaje más importante que podemos recoger 50 años después de los Disturbios de Stonewall es la necesidad de resistir activa y concientemente al odio y la discriminación: la resistencia activa a la estereotipización de quienes son diferentes a nosotros y a partir de eso, la posibilidad de menospreciarlos, excluirlos, y odiarlos.

Todos y cada uno de los avances sociales de las últimas décadas (el feminismo, el antirracismo, el respeto a las diferentes orientaciones sexuales, la crítica de la xenofobia, etc.) parten de una misma concepción en la que la igualdad y la libertad son ejes centrales

Juan Carlos Rocha Osornio es mexicano, pasó parte de su adolescencia en Texas y es profesor y coordinador de los cursos de lengua en español de la universidad de Toronto.

FuenteCUÉNTAME.2
Juan Carlos Rocha Osornio es originario de Querétaro, México. Pasó parte de su adolescencia en Estados Unidos (Texas) y vino a Canadá en 2009 a estudiar un doctorado en estudios hispánicos en la universidad de Western Ontario (London), donde se especializó en literatura mexicana de temática homosexual masculina. Actualmente trabajaba como profesor en el departamento de español y portugués de la universidad de Toronto, y está a cargo de la coordinación de los cursos de lengua en español. Contribuye regularmente para Correo Canadiense con artículos sobre inmigración, educación, diversidad sexual, y experiencias personales, entre otros.