Viaje en carreta

Año 1616, el rey de España ha enviado una orden prohibiendo el mate en el Río de la Plata, ese “vicio abominable y sucio”,  como lo había calificado anteriormente una carta de la gobernación dirigida al monarca,   para que  “la divina Providencia” se encargara de desterrar esa mala costumbre que hacía holgazanes a los hombres.

Si bien Hernandarias, gobernador de Asunción, emite un decreto prohibiendo que alguien fuera o enviara indios en búsqueda de yerba porque, de traerla, la misma sería quemada en la plaza pública, nada se pudo hacer. 

La costumbre ya estaba arraigada no solo entre los indígenas sino y más aún, entre los españoles.

Lo que la historia no cuenta es que en los primeros tiempos los indios comenzaron a esconderla en las carretas que se utilizaban para transportarlos a los campos donde debían pasar la jornada de trabajo agotador, allí, lejos de las miradas de las autoridades, mateaban sin descanso para poder soportar las inclemencias del duro esfuerzo al que eran sometidos. Así fue como se los podía ver subiendo más que contentos para hacer esos viajes en los carromatos.

Eso llamó la atención de los españoles que, intrigados, observaron esa rareza, las carretas comenzaron a ser requisadas pero, como también ellos continuaban a escondidas tomando mate todo el día, nada dijeron y nada hicieron y las carretas continuaron transportando la preciada hierba hasta que el mismo Hernandarias tuvo que informarle al rey que su intento de abolir esa práctica había fracasado dado que era imposible terminar con ese hábito que ya estaba totalmente instalado.

*Edith Vulijscher, de Buenos Aires, psicóloga retirada, finalista del Concurso de Microrrelatos “Sagitario”, organizado por Boukker, correctora y co-editora de la revista literaria Cuentos en Red (cuentosenred.com) y editora personal de autores de renombre.