Inmigrantes

El tiempo se detiene cada tarde a la misma hora.

Ellas, originarias de Livorno, cotorrean sin parar sentadas en la vereda y en vernacolo, variante del toscano que ninguna circunstancia vivida les ha hecho olvidar.

Salen a caminar tomadas del brazo por el Paseo Marítimo, se dirigen a Via Roma 38 y sus miradas se pierden dentro de la casa natal de Modigliani.

Algunas veces se ruborizan al recordar los primeros encuentros amorosos adolescentes en la Piazza Attias.

Por un acuerdo tácito ignoran diez años sufridos de guerra, hambre e inmigración.

Luego activan el reloj y cuando la arena vuelve a caer en el presente, hablan de los hijos, las nueras y los maravillosos maridos que tuvieron, porque sus muertos se han vuelto santos.

Pero nunca lo hacen en español; el vernacolo es el hilo que las mantiene unidas con el pasado, con sus historias y con los años felices.