Iluminado

― ¿Cuánto debería durar una vida? ―preguntó mi amiga.

No respondí, ella agregó sonriendo

― Cuando un joven muere, lo lamentamos más, juzgamos que no era hora. Si es un anciano decimos, vivió bastante, ¿la vida debe medirse por cantidades o por calidades? Cuando murió mi hermano mamá comentó: “vivió acelerado, toda la vida en treinta años”. Yo pensé, pobre, intenta consolarse, pero reflexioné ¿Vivir es procurar que eso nos dure muchos años?

Me reí y dije:

― Pavadita de tema, nada más y nada menos que el sentido de la vida, mirá, para mí pedir un cafecito le daría sentido, por lo menos a este momento ―y llamé al mozo.

Creo que pensó que yo era un idiota y no valía la pena continuar.

Después hablamos de pavadas.

Nunca supo cómo influyeron esas palabras, que no eran nuevas, pero funcionaron dentro de mí como un disparador.

Tiempo después me sumé a voluntariados comunitarios.

Le encontré un sentido a mi vida, no importa si moriré joven o viejo, habré valido la pena.

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