Despedida

Me acuerdo que esa noche, cuando todavía no había vuelto a mi pueblo ni me había hecho cargo de la finca, salí del trabajo y no tomé transporte para irme para la casa sino que decidí caminar, entonces, a una cuadra de la oficina, empezó andar a mi lado un perro albino de ojos claros que apareció de la nada y me acordé de mi abuelo, que aparte de amarlos más que a la gente, siempre me había dicho que esas presencias inesperadas, eran ánimas buenas que te acompañaban en su momento para alivianarte de tristezas o librarte de cualquier mal.

El animal comenzó a caminar junto a mí como si desde siempre nos hubiéramos conocido e incluso me obedecía, cuando le advertía de esperar la luz de los semáforos para poder seguir. Disfruté tanto de su compañía en el tiempo que me acompañó, que me sacó más de una sonrisa de aquellas, que el bullicio de la ciudad y su trajín, te arrebata sin más ni más.

Cuando por fin llegamos a la casa, aquel perro y yo nos miramos, él siguió su camino y yo entré al edificio donde vivía, pero antes de abrir la puerta de mi apartamento, bajé a la calle para buscarlo, aunque no lo encontré. En ese momento sonó mi teléfono, era mi hermano para avisarme, que mi abuelo acababa de fallecer.