Pase lo que pase, el legado de Trump pervivirá

Al momento de escribir estas líneas aún no hay ganador en la contienda por la presidencia de Estados Unidos. Parece ser que es Joe Biden pero Donald Trump aún tiene opciones de triunfo. ¿Qué conclusiones se pueden sacar de este proceso electoral que aún no termina? Hay algunas que aquí comparto:

1) El nacionalismo estadounidense está vivo y coleando. Los que se imaginaron que esta elección iba a corregir un supuesto error de 2016 se equivocaron. Las fuerzas sociales que instalaron a Trump en la Casa Blanca siguen firmes y activas. El Partido Demócrata haría bien en tratar de entenderlas en vez de condenarlas desde su imaginada superioridad moral.

2) El “trumpismo” llegó para quedarse. Esta elección fue en realidad un referéndum sobre la permanencia de Donald Trump. Quizá pierda, pero no por ello dejará de ser una de las principales marcas políticas en los Estados Unidos. Su legado seguirá dividiendo a los estadounidenses por muchos años, si no es que por varias décadas.

3) El sistema electoral de Estados Unidos favorece la polarización. Me refiero en específico al Colegio Electoral. Los mensajes de los candidatos presidenciales ya no buscan atraer al votante moderado o al indeciso, sino movilizar al ferviente seguidor. El resultado es que las contiendas electorales en el país vecino ya no se basan en convencer a la mayor cantidad de gente, sino en movilizar a las bases más radicales. Mal asunto.

4) Estados Unidos se estrena en el pantanoso terreno de los graves conflictos postelectorales (ya tuvo una probadita en 2000, pero ahora será peor). En Latinoamérica, y particularmente en México, tenemos experiencia con este tipo de conflictos. La regla número uno para entender la lógica de los malos perdedores es saber que su objetivo es ganar en una mesa de negociación lo que no se ganó en las urnas. Este tipo de maniobras políticas no son justas para los ciudadanos que emiten su voto creyendo que cuenta para algo.

5) De ganar, habrá un efecto Biden en Latinoamérica. La llegada de Trump a la Casa Blanca aportó legitimidad a políticos populistas en nuestra región como Andrés Manuel López Obrador en México y Jair Bolsonaro en Brasil. Líderes sociales con arraigo popular que se presentan como antisistema y cercanos al sentir de la gente. La probable victoria de Joe Biden enfriará sus ánimos… al menos por unos años.

Pero no olvidemos: la moneda aún está en el aire.

La regla número uno para entender la lógica de los malos perdedores es saber que su objetivo es ganar en una mesa de negociación lo que no se ganó en las urnas. Este tipo de maniobras políticas no son justas para los ciudadanos que emiten su voto creyendo que cuenta para algo.